Lenguas DRAVÍDICAs

 

Las lenguas dravídicas (o drávidas) son una familia lingüística formada por un grupo de idiomas hablados en Asia meridional (fundamentalmente en el sur de la India). Como entidad independiente, la familia dravídica fue reconocida por primera vez en 1816. El término “dravídico” —o “dravidiano”— fue creado por el filólogo irlandés Robert Caldwell a partir del sánscrito द्राविड <drāviḍa> (hipercorrección del prácrito dāviḍa, que antiguamente significaba ‘tamil’) en su monumental obra A Comparative Grammar of the Dravidian or South-Indian Family of Languages (1856). La familia de las lenguas dravídicas ha permanecido desde entonces como un grupo lingüístico aislado, y todos los intentos por conectarla con otras lenguas indoeuropeas y asiáticas han fracasado (la hipótesis más plausible es la que sostiene una posible relación con la familia urálica, e incluso la altaica, aunque parece tratarse de una influencia mutua como resultado de un prolongado periodo de contacto más que una verdadera relación filogenética).

 

La mayoría de las lenguas dravídicas se concentran en el sur de la India, en los estados de Karnataka, Kerala, Tamil Nadu y Andhra Pradesh, aunque también se hablan en otros más septentrionales como Maharashtra, Madhya Pradesh, Odisha, Bengala Occidental y Bihar. Fuera de la India, existen focos de habla dravídica en Sri Lanka (tamil), Pakistán (brahuí), Nepal (kúruj y malto), Bangladesh (kúruj y malto) y Maldivas (malabar). Esta moderna distribución es el resultado de dos procesos históricos de gran importancia: por una parte, los primitivos pobladores de habla dravídica, asentados en la mayor parte de la Península Índica desde el quinto milenio a.C., fueron desplazados al extremo sur tras las invasiones masivas de pueblos indoarios en el año 1500 a.C. (con la excepción de núcleos aislados en los estados indios citados anteriormente); por otra parte, las posteriores actividades comerciales y coloniales de esta comunidad sirvieron para llevar ciertas variantes dravídicas —especialmente el tamil— a zonas geográficas más lejanas, como Birmania, Indonesia, Malasia, Fiji, Madagascar, Mauricio, Guyana, Martinica y Trinidad y Tobago.

 

Por su localización geográfica, las lenguas dravídicas han recibido numerosos préstamos léxicos de las lenguas indoarias (en especial del sánscrito), aunque también han aportado influencias de sustrato a estas últimas, fundamentalmente en el ámbito fonológico (desarrollo de las consonantes retroflejas) y sintáctico (progresiva sustitución de las preposiciones por posposiciones).

 

En la India, son cuatro las lenguas dravídicas a las que la Constitución otorga, desde 1951, carácter oficial en sus respectivos estados: tamil (en Tamil Nadu), malabar (en Kerala), canarés (en Karnataka) y télugu (en Andhra Pradesh). Su importancia radica no sólo en el hecho de ser las variedades dravídicas con mayor número de hablantes, sino en su destacable tradición literaria: el tamil es la lengua más antigua de todas, ya que sus primeros testimonios escritos se remontan al siglo II a.C.; le siguen en antigüedad el canarés (siglo V), el télugu (siglo VI) y el malabar (siglo IX). El resto de lenguas dravídicas poseen muy pocos hablantes en comparación con las anteriores, y se localizan fundamentalmente en enclaves aislados del sur de la Península Índica, rodeados por variedades lingüísticas indoeuropeas del grupo indoiranio. Las más importantes son gondi (hablado en Madhya Pradesh, Maharashtra, Chhattisgarh y Andhra Pradesh), koya (Telangana, Andhra Pradesh, Chhattisgarh y Odisha), kui y kuvi (en la región fronteriza entre el sur de Odisha y el norte de Andhra Pradesh), kúruj (Odisha, Chhattisgarh, Madhya Pradesh, Jharkhand, Bihar, Bengala Occidental, Assam, Tripura, Bangladesh y Nepal), tulu y beary (en la región de Tulu Nadu, situada en la frontera entre Karnataka y Kerala) y brahuí (en la provincia de Baluchistán, en el suroeste de Pakistán). En la región de los montes Nilgiri y sus alrededores —entre los estados de Kerala, Tamil Nadu y Karnataka— existen tribus dispersas de hablantes de irula, kurumba, kurumba montañés, kota, toda y badaga. Otras lenguas dravídicas menores son kodava (hablado en el sur de Karnataka), koraga, ravula, bellari y kudiya (en la frontera entre Karnataka y Kerala), allar, aranadan, thachanadan, kalanadi, pathiya, kunduvadi, kumbaran, kurichiya y chetti (en el centro-norte de Kerala), vishavan, kurumba de Attappadi y muduga (en la región central de Kerala), urali (en el centro-sur de Kerala), malasar, eravallan y kanikkaran (en la frontera entre Tamil Nadu y Kerala), golari (en Maharashtra y Madhya Pradesh), kolami y naiki (Maharashtra y Telangana), chenchu (Andhra Pradesh), konda (Andhra Pradesh y Odisha), manda y pengo (sur de Odisha), gadaba y ollari (Odisha y Andhra Pradesh), duruva (Chhattisgarh y Odisha), malto (Jharkhand, Bihar, Bengala Occidental, Bangladesh y Nepal), bharia (sur de Madhya Pradesh) y bazigar (al sur del Territorio de Chandigarh, en el noroeste de la India). Por otro lado, hasta finales del siglo XX se hablaron dos lenguas dravídicas que en la actualidad constituyen variedades extintas, debido a que los grupos étnicos que las poseían como idiomas maternos las abandonaron en favor de otras lenguas mayoritarias: ullatan (hablado en el centro-sur de Kerala y sustituido en la actualidad por el malabar) y nagarchal (en la región central de la Península Índica fronteriza entre los estados de Madhya Pradesh, Chhattisgarh y Maharashtra, en donde ha sido abandonado en favor del hindí).

 

En virtud de criterios filogenéticos y geográficos, las anteriores lenguas dravídicas se puede clasificar en cuatro ramas principales (una cruz [†] indica que se trata de variedades lingüísticas ya desaparecidas o sin hablantes nativos; entre paréntesis se incluyen los principales territorios en los que se hablan):

 

1. Rama meridional

   1.1. tamil (India, Sri Lanka, Singapur, Malasia)

   1.2. irula (India)

   1.3. eravallan (India)

   1.4. malasar (India)

   1.5. malabar (India)

   1.6. kota (India)

   1.7. toda (India)

   1.8. canarés (India)

   1.9. kodava (India)

   1.10. kurumba (India)

   1.11. kurumba montañés (India)

   1.12. thachanadan (India)

   1.13. badaga (India)

   1.14. urali (India)

   1.15. golari (India)

   1.16. koraga (India)

   1.17. tulu (India)

   1.18. bellari (India)

   1.19. kudiya (India)

   1.20. ravula (India)

   1.21. allar (India)

   1.22. aranadan (India)

   1.23. kanikkaran (India)

   1.24. beary (India)

   1.25. vishavan (India)

   1.26. kalanadi (India)

   1.27. pathiya (India)

   1.28. kunduvadi (India)

   1.29. kumbaran (India)

   1.30. kurichiya (India)

   1.31. kurumba de Attappadi (India)

   1.32. muduga (India)

   1.33. chetti (India)

   1.34. ullatan [†] (India)

2. Rama centro-meridional

   2.1. télugu (India)

   2.2. chenchu (India)

   2.3. gondi (India)

   2.4. konda (India)

   2.5. kui (India)

   2.6. kuvi (India)

   2.7. koya (India)

   2.8. manda (India)

   2.9. pengo (India)

   2.10. bharia (India)

   2.11. nagarchal [†] (India)

3. Rama central

   3.1. naiki (India)

   3.2. kolami (India)

   3.3. ollari (India)

   3.4. gadaba (India)

   3.5. duruva (India)

4. Rama septentrional

   4.1. kúruj (India, Bangladesh, Nepal)

   4.2. malto (India, Bangladesh, Nepal)

   4.3. bazigar (India)

   4.4. brahuí (Pakistán)

 

Ha habido otras lenguas que también se han incluido dentro de la familia dravídica, aunque a falta de un mejor conocimiento gramatical de las mismas es imposible decidir si se trata de variedades independientes o meros dialectos de las anteriores. Por ejemplo, indu y aue se han englobado dentro de la rama dravídica centro-meridional, mientras que otras como kuruba, yerukula, kaikudí, belari y burgundi se han considerado pertenecientes a la rama meridional.

 

En la actualidad, las lenguas dravídicas cuentan con más de 238 millones de hablantes nativos —lo que las convierte en la cuarta mayor familia lingüística del mundo—, repartidos de la siguiente manera (a fecha de 2010):

télugu              76.000.000

tamil               70.000.000

canarés                    40.000.000

malabar                    38.000.000

brahuí                4.200.000

tulu                  2.500.000

gondi                 2.100.000

kúruj                 1.800.000

beary                 1.500.000

kui                     510.000

koya                    330.000

kodava                  300.000

kurumba                        220.000

irula                   200.000

bharia                  196.000

kuvi                    160.000

malto                   138.000

badaga                  134.000

kolami                   67.000

duruva                   44.000

kurichiya                29.000

ravula                   27.000

chenchu                         26.000

konda                    20.000

kanikkaran               19.000

ollari                   15.000

koraga                   14.000

kumbaran                 10.000

gadaba                    8.000

malasar                          7.800

urali                     6.000

eravallan                 5.000

chetti                    5.000

manda                     4.000

muduga                    3.400

thachanadan               3.000

kudiya                    2.800

naiki                     1.500

kurumba de Attappadi             1.400

pengo                     1.300

kurumba montañés          1.000

toda                      1.000

bellari                          1.000

pathiya                          1.000

kunduvadi                 1.000

kota                        900

kalanadi                    750

golari                      500

allar                       300

aranadan                    200

vishavan                    150

bazigar                           100

 

Características gramaticales de las lenguas dravídicas

A través de la comparación sistemática entre todas las lenguas que componen la familia dravídica, la lingüística moderna ha podido reconstruir la variante originaria de la que presuntamente derivan todas ellas, a la que se ha dado el nombre de protodravídico. Más que una lengua real y concreta, el protodravídico debe entenderse como un modelo lingüístico abstracto que agrupa los rasgos gramaticales que conforman la base común de las lenguas dravídicas. La procedencia exacta de los primeros hablantes de protodravídico no es del todo clara, aunque algunas tesis sostienen que llegaron de Asia Central; más en concreto, relacionan esta variante lingüística con la familia urálica, sobre la base de su parecido léxico y morfológico (desinencias de tiempo, formación del plural, sistema pronominal y conjugación negativa, entre otros rasgos gramaticales).

 

Se piensa que el protodravídico poseía un sistema fonológico de diez vocales —cinco cortas (*a, *e, *i, *o, *u) y cinco largas (*ā, *ē, *ī, *ō, *ū)— y diecisiete consonantes: seis oclusivas sordas de articulación bilabial (*p), dental (*), alveolar (*), retrofleja (*), palatal (*c) y velar (*k); cinco nasales de carácter bilabial (*m), dental (*), alveolar (*), retroflejo (*) y palatal (*ñ); cuatro líquidas de articulación alveolar (*l, *r) y retrofleja (*, *); dos semiconsonantes (*v, *y). El rasgo fonológico de la retroflexión consonántica —*, *, *, *— pudo haber influido posteriormente en las lenguas indoarias. Ninguna palabra del protodravídico podía comenzar por consonante retrofleja o alveolar, ni tampoco por un grupo consonántico. En posición final de palabra, las oclusivas iban seguidas por la vocal orgánica -u.

 

El protodravídico era una lengua aglutinante, con una morfología simple basada en la adición de sufijos (primero los derivativos y luego los flexivos) a una base léxica, nunca prefijos o infijos. Dentro de la flexión nominal, los nombres poseían marcas gramaticales de caso (nominativo, acusativo, sociativo, dativo, genitivo, instrumental, locativo, ablativo), persona (primera, segunda, tercera), género (animado, inanimado) y número (singular, plural). El protodravídico empleaba posposiciones en lugar de preposiciones. Los verbos se conjugaban según dos tiempos (pretérito, no-pretérito), dos modos (indicativo, modal) y un sufijo de concordancia con el sujeto. El orden básico de la oración protodravídica era Sujeto-Objeto-Verbo, según una tipología sintáctica que tendía a favorecer la presencia de los complementos antes de los constituyentes de los cuales dependían.

 

Al compararse con el protodravídico, se observa que las distintas lenguas modernas a que dio lugar han experimentado una serie de cambios gramaticales. De todas ellas, el tamil es la que conserva más rasgos lingüísticos de la originaria lengua común. Desde el punto de vista fonológico, son tres las características más llamativas que afectan al sistema vocálico: 1) la gradual eliminación del contraste entre *e y *ē y entre *o y *ō en brahuí, como resultado de la influencia de las lenguas indoiranias (notable en el caso de este idioma, que se habla de forma aislada en Pakistán); 2) la evolución, también en brahuí, de *e y *o del protodravídico a *i y *u (respectivamente); 3) la fusión de las vocales cerradas *i y *u con *e y *o en las lenguas dravídicas meridionales delante de una consonante seguida de la vocal a. Otros rasgos fonológicos destacados que dieron lugar al moderno sistema vocálico de las lenguas dravídicas son: la aparición de vocales retroflejas —bajo la influencia de consonantes de esta naturaleza­— en kodava e irula; la nasalización vocálica en tamil coloquial; la pérdida de vocales átonas en sílabas interiores de palabra en toda, kota, tamil y algunos dialectos de canarés —con la correspondiente aparición de grupos consonánticos anómalos (ej.: kota anjrcgcgvdk ‘por el hecho de que [alguien] hará que [alguien] aterrorice [a alguien]’).

 

Dentro del sistema consonántico, los fenómenos más llamativos en la evolución del protodravídico han sido los siguientes: la pérdida o sustitución de la oclusiva palatal inicial *c- en las lenguas meridionales (ej.: protodravídico *car- → tamil alal ‘arder’ y talal ‘resplandecer’); la velarización de esta misma *c- como k- delante de la vocal u en las lenguas septentrionales (ej.: tamil cutu ‘estar caliente’ vs. malto kut- ‘arder’); la palatalización de la oclusiva velar inicial *k- como c- delante de vocales anteriores en tamil, malabar y télugu (ej.: protodravídico *ke- ‘rojo’ → tamil ce-); la fricativización de esta misma *k- como x- delante de las vocales a, o, u en las lenguas septentrionales (ej.: tamil kal ‘piedra’ vs. brahuí xal); las líquidas retroflejas *, * se han conservado únicamente en las variantes literarias de las lenguas dravídicas (y parcialmente en el moderno tamil y malabar), ya que en los demás casos se ha asimilado a l, d u otros sonidos; algunas lenguas como el canarés han desarrollado una h- protética (ej.: tamil peyar / canarés antiguo pesar vs. canarés moderno hersru ‘nombre’); en télugu y otras lenguas dravídicas centrales se ha producido metátesis de consonantes en grupos iniciales.

 

El acento prosódico en las lenguas dravídicas no resulta un rasgo distintivo, ya que siempre recae en la sílaba radical o inicial de palabra. Las reglas que afectan al fenómeno fonológico conocido como sandhi —asimilación mutua de sonidos en final y principio de palabras contiguas que forman una unidad sintáctica— son tan complicadas como las del sánscrito.

 

Desde el punto de vista de la morfosintaxis, el proceso léxico más importante en las lenguas dravídicas es el de la sufijación, por lo que pueden definirse como lenguas aglutinantes: los distintos sufijos (nunca afijos o infijos) se añaden de forma ordenada a una base léxica para expresar las diferentes funciones gramaticales de las palabras (por ejemplo, la palabra tamil connatileyiruntu ‘de lo que se dijo’ se analiza como la unión de col- ‘decir’ + -n ‘desinencia de pretérito’ + -atu ‘desinencia de tercera persona de singular neutra’ + -il ‘marca de locativo’ + -e ‘marca de énfasis’ + -y ‘sufijo de inserción automática producto de una regla fonética de la lengua’ + -iruntu ‘marca de ablativo’). Las principales categorías gramaticales de las lenguas dravídicas son la de los nombres (sustantivos, numerales y pronombres), adjetivos, verbos y constituyentes indeclinables (partículas, enclíticos, adverbios, interjecciones, palabras onomatopéyicas, etc.). Existen dos números (singular, plural) y cuatro géneros (“masculino-no masculino” en singular y “personal-no personal” en plural). El pronombre de primera persona de plural adopta dos formas dependiendo de si es “inclusivo” (incluye al hablante) o “exclusivo”. Una derivación característica del tamil es la formación de nombres y adjetivos “pronominalizados” o “personales” (ej.: tamil antiguo ilai ‘juventud’ > tamil moderno ilai-y-am ‘jóvenes [nosotros]’ / ilai-y-ar ‘jóvenes [ellos]’).

 

Dentro del sistema verbal, la persona gramatical se añade como una desinencia al tema, que puede ser nominal (ej.: tamil ati-(y)-en {esclavo-(y)-1ª persona singular} ‘soy un esclavo’; po-v-en {ir-futuro-1ª persona singular} ‘iré’). El rasgo más característico del verbo dravídico es la llamada “conjugación negativa”, que consiste en la existencia de un correlato negativo para todas las formas positivas. Los verbos pueden ser transitivos, intransitivos o causativos. Existen dos tiempos básicos (pretérito, no pretérito) y dos voces (activa, pasiva).

 

Dentro de cada oración sólo puede aparecer un verbo conjugado, normalmente en posición final, aunque otros pueden precederlo en forma de gerundio o participio. El resto de constituyentes adoptan un orden sintáctico relativamente libre, aunque existen algunas reglas básicas, como la de que el elemento determinante siempre precede al determinado (ej.: tamil ponnakaram ‘ciudad dorada’, formado por pon ‘oro’ y nakaram ‘ciudad’).

 

En el plano léxico, las distintas lenguas dravídicas han mostrado a lo largo de su historia una receptividad desigual a los préstamos. Las fuentes más importantes han sido el sánscrito, el urdú, el portugués y el inglés. El tamil posee un número relativamente escaso de palabras procedentes de otras lenguas indoarias de su entorno (entre un 18 y un 25 por ciento, dependiendo de la variedad usada), mientras que el malabar y el télugu han sido más receptivas. De todas las lenguas dravídicas, el brahuí es, a causa de su aislamiento geográfico, la que más influencias ha recibido de las lenguas indoiranias; por el contrario, el toda es la que menos préstamos léxicos posee. Dentro del tamil se percibe durante los últimos años un movimiento purista que intenta reemplazar mediante palabras vernáculas los términos de origen sánscrito (pero no, curiosamente, de origen inglés) dentro de su vocabulario. Esta inquietud sociolingüística no se percibe en ninguna otra lengua dravídica.

 

La escritura dravídica tuvo sus orígenes en la región ocupada por el actual estado de Tamil Nadu, alrededor del año 250 a.C., cuando el tamil adoptó para su representación escrita una variedad meridional del alfasilabario brāhmī de los hindúes, durante la época de Aśoka. El sistema de escritura del canarés y el télugu está basado en una serie de inscripciones de la dinastía Chalukia, fechadas en el siglo VI. El alfabeto silábico grantha, usado en Tamil Nadu desde el siglo VI para representar el sánscrito, fue adaptado al tulu y al malabar.

 

Desarrollo histórico de las lenguas dravídicas

Es muy poco lo que se sabe acerca de los hablantes de lenguas dravídicas antes de su llegada a la Península Índica. Según algunas tradiciones indígenas, hubo una migración masiva de pueblos desde un continente que se hallaba al sur de la India, en el Océano Índico, y que en la actualidad estaría sumergido. Otras teorías académicas sostienen que las lenguas dravídicas son en realidad originarias de la India, y que surgieron a partir de la civilización que se desarrolló en el valle del Indo. En la actualidad, la hipótesis que cuenta con más defensores es la que afirma que los primitivos hablantes de estas lenguas se desplazaron masivamente durante el cuarto milenio a.C. hacia el noroeste y centro de la Península Índica desde Asia Central (en donde, en algún momento de su historia, pudieron entrar en contacto con pueblos urálicos). La base empírica que sostiene esta teoría son los rasgos gramaticales dravídicos que aparecen en el Rigveda, el texto sagrado del hinduismo que representa el más antiguo testimonio de la literatura sánscrita, y otros fenómenos como las consonantes retroflejas, el frecuente uso de gerundios y los préstamos léxicos de origen dravídico en las lenguas indoarias. Por lo tanto, se piensa que gran parte de la India estuvo ocupada por una población de habla dravídica antes de las invasiones de los pueblos indoarios, cuyas lenguas suplantaron casi completamente a las de los primeros antes del comienzo de la era cristiana, después de un período de bilingüismo que debió de durar varios siglos.

 

Cuando, entre los años 2000 y 1500 a.C., la población dravídica fue obligada a emigrar hacia el sur y este de la India por los invasores indoarios, se produjo la escisión del protodravídico en tres dialectos distintos, base de la moderna clasificación de las lenguas a que dieron lugar: protodravídico septentrional, protodravídico central y protodravídico meridional. No obstante, el proceso de desintegración debió de haberse iniciado con anterioridad; es posible que el protobrahuí fuera la primera variante en separarse del protodravídico, durante las masivas migraciones hacia la India del cuarto milenio a.C., seguida del proto-kúruj-malto, durante el tercer milenio a.C. A partir del siglo V a.C. se empezaron a producir las posteriores divisiones en estos tres subgrupos hasta alcanzar la situación actual.

 

Las primeras referencias históricas al protodravídico proceden de textos sánscritos, griegos y latinos. El propio vocablo “dravídico” —como se dijo anteriormente— se introdujo en la tradición cultural de Occidente a través del sánscrito. En fuentes grecorromanas como el anónimo Periplus mari Erythræi ‘Periplo del mar Rojo’ (ca. 89 d.C.) o el Naukratis de Ptolomeo (siglo II d.C.) se mencionan topónimos y nombres de dinastías dravídicas.

 

Durante el siglo III a.C., el tamil, el canarés y el télugu se desarrollaron como lenguas independientes. Hacia el año 250 a.C., la primera de ellas adoptó una variante meridional de la escritura brāhmī de los antiguos hindúes, lo que dio lugar a las primeras manifestaciones literarias de un dialecto dravídico: inscripciones en cuevas hechas por monjes jainistas. Desde entonces, el tamil ha generado una literatura de gran riqueza y extensión geográfica, comparable en la India únicamente a la del sánscrito. Con la excepción de otra gran lengua dravídica, el malabar, nada se supo del resto de variedades pertenecientes a esta familia hasta que la filología comparada las sacó a la luz en el siglo XVIII. Las cuatro principales lenguas dravídicas —tamil, malabar, canarés y télugu— han desarrollado a lo largo de su historia rasgos lingüísticos característicos del fenómeno de la diglosia, que consiste en una diferenciación social entre un lenguaje formal y un lenguaje familiar. Todas ellas se han adaptado igualmente a los distintos cambios políticos, sociales, económicos y científicos del mundo.

 

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