Lenguas URÁLicas

 

El término “urálico” es una denominación de carácter geográfico que hace referencia a una familia lingüística del noreste de Europa y la región siberiana formada por dos grandes grupos: finougrio y samoyedo. A su vez, cada uno de ellos está integrado por ramas menores, distintas subramas y por último lenguas individuales. La clasificación general más aceptada de las lenguas urálicas es la siguiente (una cruz [†] indica que se trata de variedades lingüísticas ya desaparecidas o sin hablantes nativos; entre paréntesis se incluyen los principales territorios en los que se hablan):

 

1. Grupo finougrio

   1.1. Rama fínica

       1.1.1. Subrama baltofínica

           1.1.1.1. estonio (Estonia)

           1.1.1.2. vótico (Rusia)

           1.1.1.3. ingrio (Rusia)

           1.1.1.4. vepsio (Rusia)

           1.1.1.5. ludio (Rusia)

           1.1.1.6. carelio (Rusia, Finlandia)

           1.1.1.7. finés (Finlandia, Suecia, Rusia)

           1.1.1.8. livonio [†] (Letonia)

       1.1.2. Subrama lapona

           1.1.2.1. saamí (Noruega, Suecia, Finlandia, Rusia)

       1.1.3. Subrama volgaica

           1.1.3.1. marí (Rusia)

           1.1.3.2. mordovo (Rusia)

             1.1.3.2.1. erzja

             1.1.3.2.2. moksha

       1.1.4. Subrama pérmica

           1.1.4.1. komí (Rusia)

           1.1.4.2. udmurto (Rusia)

       1.1.5. meria [†] (Rusia)

       1.1.6. muromiano [†] (Rusia)

       1.1.7. meschioro [†] (Rusia)

   1.2. Rama ugria

       1.2.1. Subrama obi-ugria

           1.2.1.1. jantí (Rusia)

           1.2.1.2. mansí (Rusia)

       1.2.2. Subrama húngara

           1.2.2.1. húngaro (Hungría, Rumanía)

2. Grupo samoyedo

   2.1. Rama septentrional

       2.1.1. néncico (Rusia)

       2.1.2. éncico (Rusia)

       2.1.3. tauguí (Rusia)

   2.2. Rama meridional

       2.2.1. selcupo (Rusia)

       2.2.2. camasio [†] (Rusia)

       2.2.3. mátor [†] (Rusia)

 

Las lenguas urálicas con mayor número de hablantes son el húngaro, el finés y el estonio, idiomas nacionales en sus respectivos países (Hungría, Finlandia y Estonia). El resto son en su mayoría variantes lingüísticas menores que se hablan en el norte de Siberia, en el amplio territorio comprendido entre los ríos Volga y Yenisei. El saamí, la lengua de los lapones, es la variedad urálica con mayor diversidad territorial, ya que se extiende a lo largo de cuatro países: la mayoría de sus hablantes viven en el norte de Noruega y Suecia, mientras que el resto lo hacen en Finlandia y Siberia. Tres lenguas urálicas son variedades extintas en la actualidad, debido a que sus últimos hablantes nativos fallecieron: livonio (idioma hablado en el oeste de Letonia hasta 2013, pese a los intentos por preservarlo por escrito), camasio (lengua hablada al sur del Territorio de Krasnoyarsk, en el norte de Siberia, cuyo último hablante nativo, Klavdia Plotnikova, murió en 1989) y mátor (variedad urálica hablada hasta mediados del siglo XIX en los montes Sayanes, cordillera situada entre el noroeste de Mongolia y el sur de Siberia). De forma indirecta, a través de referencias externas, se conoce la existencia de otras tres variedades urálicas no documentadas que desaparecieron durante la Edad Media, tras ser asimilados sus hablantes por los invasores eslavos: meria (idioma hablado en la actual región rusa de Yaroslavl hasta el siglo XI), muromiano (hablado en la cuenca del río Oka hasta el siglo XII) y meschioro (cuyos hablantes habitaron una región situada entre los ríos Oka y Kliazma hasta el siglo XVI).

 

Se calcula que en la actualidad las lenguas urálicas poseen cerca de 21 millones de hablantes, de los que más del 85 por ciento tienen el húngaro y el finés como idiomas maternos. La distribución total de hablantes nativos de estos idiomas es la siguiente (a fecha de 2010):

húngaro                    13.000.000

finés               5.000.000

estonio                    1.100.000

mordovo                      430.000

marí                  400.000

udmurto                      324.000

komí                  220.000

carelio                        35.000

saamí                   35.000

néncico                        22.000

jantí                    9.600

vepsio                   3.610

ludio                    3.000

selcupo                         1.020

mansí                      938

tauguí                    130

ingrio                     123

éncico                      40

vótico                      24

 

La lingüística comparada supone que todas las lenguas urálicas poseen un origen común: una variante conocida como protourálico, de la que fueron separándose las distintas agrupaciones hasta llegar a convertirse en lenguas distintas. Esta variedad urálica original se habló hace más de seis mil años en una región indeterminada situada entre el curso medio de los ríos Volga y Ural. Hacia el tercer milenio a.C., sus hablantes comenzaron a emigrar en diferentes direcciones: algunos se trasladaron hacia el noroeste, estableciéndose en Estonia y Finlandia, mientras que otros se desplazaron hacia el noreste, a lo largo de la inmensa región siberiana. El grupo samoyedo fue el primero en separarse del protourálico (el protosamoyedo se formó entre el cuarto y el segundo milenio a.C.). Le siguieron las ramas fínica (con la formación del protofínico en la Península Escandinava, entre los años 3000 y 2500 a.C.) y ugria (tras la aparición del protougrio en Siberia occidental, entre los años 3000 y 1000 a.C.), y por último la subrama pérmica, cuyos miembros no se constituyeron como lenguas independientes hasta los siglos VII-VIII d.C. Por otro lado, la reconstrucción comparativa de la originaria lengua urálica muestra ciertas divergencias en la rama lapona que hacen que, en ocasiones, se clasifique como un grupo independiente del finougrio y el samoyedo.

 

Mediante el anterior método lingüístico se han llegado a conocer ciertos rasgos gramaticales del primitivo protourálico: se sabe que probablemente poseyó un sistema nominal formado por seis casos (nominativo, acusativo, genitivo, ablativo, locativo, adlativo), un sistema verbal basado en la categoría de aspecto, armonía vocálica, una serie paralela de consonantes palatalizadas, ausencia de consonantes oclusivas sonoras y carencia de género gramatical y artículos.

 

Características gramaticales de las lenguas urálicas

Las semejanzas y diferencias tipológicas entre las distintas agrupaciones urálicas se presentan distribuidas a lo largo de la siguiente secuencia de relaciones internas:

samoyeda — obi-ugria — húngara — pérmica — volgaica — baltofínica — lapona

Así, por ejemplo, la gradación consonántica es un fenómeno característico de las ramas lapona y baltofínica. De esta forma, el grupo -nt- (grado “fuerte”) en finés anta-vat ‘dan’ alterna con -nn- (grado “débil”) en anna-n ‘doy’.

 

El único rasgo típico de la rama pérmica es la llamada conjugación negativa, en la que el auxiliar negativo se conjuga en lugar del verbo principal (al igual que ocurre en inglés). Véase el siguiente ejemplo en komí ciriano: o-g mun ‘no voy’, o-z mun ‘no vas’, e-g mun ‘no fui’, en donde mun ‘ir’ es el verbo principal, o-/e- el auxiliar de negación (en presente y pretérito, respectivamente) y -g/-z la marca de persona (‘yo’ y ‘tú’, respectivamente). La rama volgaica, algunas de las lenguas baltofínicas y la rama samoyeda septentrional también utilizan este procedimiento de negación verbal.

 

La armonía vocálica es un fenómeno morfonológico que tiene lugar con mayor o menor grado de desarrollo— en todas las lenguas urálicas (con las excepción de las ramas pérmica y lapona). En finés, por ejemplo, la desinencia de tercera persona plural es -vat o -vät, dependiendo de la vocal temática de la raíz a la que se una (anta-vat ‘dan’, pero kyntä-vät ‘aran’). La asimilación armónica de la vocal desinencial con la temática depende de factores articulatorios como la posición de la lengua dentro de la cavidad bucal y la forma que adopten los labios (más o menos redondeada). De esta forma, la desinencia de tercera persona plural en húngaro es -nak en lop-nak ‘roban’ (ya que o y a son dos vocales posteriores) y -nek en tör-nek ‘rompen’ (en donde ö [œ] y e son sonidos anteriores).

 

La categoría gramatical de número dual (que señala exactamente dos elementos de la misma clase) desempeña un importante papel en el grupo samoyedo y en las ramas obi-ugria y lapona. El siguiente ejemplo en mansí ilustra tanto el morfema dual -aγ- ‘dos’ como el sufijo posesivo singular -et- ‘su’ y la marca de caso instrumental -l ‘con’, unidos a la raíz aamp- ‘perro’: aampetl ‘con sus dos perros’. Puede observarse que el número dual se halla presente en los miembros que se encuentran a ambos extremos de la anterior secuencia relacional de las lenguas urálicas, lo que en cierta medida constituye un elemento que sirve para cerrar el círculo.

 

El rasgo tipológico de referencia a un complemento verbal definido (también llamado conjugación objetiva) no posee un lugar fijo dentro de las lenguas urálicas; en términos generales, predomina a la izquierda de la secuencia (rama ugria y grupo samoyedo), aunque también se halla presente en una lengua volgaica como el mordovo. Compárese el sintagma verbal húngaro lop-j-uk ‘lo robamos (algo específico)’ frente a lop-unk ‘robamos (en general)’.

 

El húngaro y el mordovo poseen una marca explícita con valor de artículo determinado; por ejemplo, el sintagma nominal ‘la casa’ se expresa a ház en la primera de estas lenguas y kudo-ś (literalmente ‘casa-la’) en la segunda.

 

Dos ragos gramaticales comunes a todas las lenguas urálicas son la ausencia de género gramatical (en húngaro, por ejemplo, el pronombre personal ő significa ‘el’, ‘ella’ o ‘ello’) y el empleo de posposiciones en lugar de preposiciones (como en estonio maja tagadetrás de la casa’).

 

El orden sintáctico no marcado en las lenguas urálicas es Sujeto-Objeto-Verbo. No obstante, esta regla se aplica de forma rígida únicamente en las variantes samoyedas y obi-ugrias (al igual que el orden Sujeto-Verbo-Objeto en las baltofínicas). El resto poseen una distribución más libre, de forma que la distinta disposición de los constituyentes depende de valores prágmáticos como el énfasis oracional. En húngaro, por ejemplo, junto con la estructura básica a fiúk krumplit lopnak ‘los niños roban patatas’, lit. ‘los niños patatas roban’) es posible encontrar, en circunstancias específicas, krumplit lopnak a fiúk, lopnak a fiúk krumplit, lopnak krumplit a fiúk, a fiúk lopnak krumplit y krumplit a fiúk lopnak.

 

Todas las lenguas urálicas poseen un conjunto de casos nominales que expresan distintos significados de carácter espacial (de forma similar a los sintagmas preposicionales en español con en, desde, hacia, sobre, etc.). En este sentido, el húngaro y los idiomas pérmicos son los que poseen una mayor riqueza flexiva. Las lenguas baltofínicas y laponas han adaptado uno de estos casos, el partitivo (con el sentido básico ‘de/desde un lugar’) a la función de complemento partitivo que posee en lenguas como el francés y el español, con el que se designa una parte de un todo. Compárese, por ejemplo, las dos oraciones del finés juon maito-a ‘bebo leche’ (lit. ‘bebo de la leche’) y juon maido-n ‘bebo (toda) la leche’ (en donde el sufijo -n es una marca de acusativo regular). En finés, además, todos los complementos directos negativos deben construirse mediante el partitivo (ej.: en juo maitoa ‘no bebo leche’).

 

Algunos de los más destacados rasgos fonológicos de las lenguas urálicas son los siguientes: 1) el acento prosódico recae en la primera sílaba de las palabras (con la excepción de las ramas pérmica y volgaica); 2) las ramas obi-ugria y samoyeda septentrional poseen vocales reducidas dentro de su sistema fonético; 3) las lenguas baltofínicas, el húngaro y el marí han desarrollado vocales anteriores redondeadas; 4) el estonio y las lenguas pérmicas tienen vocales posteriores no redondeadas; 5) el selcupo posee un sistema fonológico con vocales de los dos tipos anteriores; 6) en las lenguas samoyedas y pérmicas existe una correlación en el grado de palatalización; 7) el húngaro, el selcupo y las lenguas pérmicas poseen un rico sistema de consonantes africadas.

 

En el plano léxico, resulta especialmente interesante estudiar los préstamos introducidos en las distintas lenguas urálicas, ya que muestran las diversas influencias recibidas a lo largo de su historia. El principal foco de influencia es el eslavo, cuyas huellas están presentes en todos los miembros de la familia urálica. Otras fuentes son el iranio, el turco, el germánico y el báltico. Por ejemplo, sata y száz son los términos finés y húngaro, respectivamente, que equivalen a “cien”, relacionados claramente con el avéstico satəm (una antigua lengua irania).

 

Bibliografía

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HAJDÚ, Péter: Finno-Ugrian Languages and Peoples (London: André Deutsch, 1975).

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KARLSSON, Fred: Gramática básica del finés (Ediciones de la Universidad Autónoma de Madrid, 1990).

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