Alfabeto Fonético Internacional

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ESQUEMA

1.        Introducción

2.        Sonidos consonantes

3.        Sonidos vocales

4.        Variantes alofónicas

5.        El AFI como alfabeto universal

 

 

Introducción

 

El Alfabeto Fonético Internacional (abreviado AFI o IPA, singlas inglesas de International Phonetic Alphabet) es un conjunto de símbolos y signos diacríticos creados por la Asociación Fonética Internacional para representar los sonidos de las lenguas del mundo que tienen carácter distintivo (los llamados fonemas), es decir, aquéllos que sirven para distinguir una palabra de otra dentro de un mismo contexto; por ejemplo, se dice que /p/ es un fonema del español porque distingue pata de bata.

 

Los fonemas —representados entre barras— se distinguen de los sonidos o alófonos —representados entre corchetes—, ya que los segundos son las distintas realizaciones materiales de los primeros en el habla. Por ejemplo, el fonema /b/ posee dos alófonos en español dependientes del contexto fonético: uno oclusivo [b] tras pausa o consonante nasal (como en bomba) y otro fricativo [β] en el resto de contextos (como en alcoba). No obstante, el concepto de “rasgo distintivo” que caracteriza a los fonemas empieza a difuminarse cuando se extiende a las diferentes lenguas que se hablan en el mundo, ya que lo que en una son unidades fonológicas independientes capaces de diferenciar significados en otras no pasan de ser meras variantes articulatorias de un mismo fonema (por ejemplo, en islandés no existen los fonemas /b/, /d/ y /g/, ni tan siquiera como variantes articulatorias).

 

El repertorio de símbolos AFI empleados en la descripción fonética de las lenguas del mundo incluidas en esta clasificación está basado en una mezcla de criterios fonológicos (fonemas) y fonéticos (sonidos). En general, lo que se está describiendo en cada lengua particular es su inventario de fonemas, aunque en determinadas ocasiones se pueda hacer referencia igualmente a sus alófonos siempre y cuando sea pertinente. A pesar de esto, se utiliza siempre los corchetes porque se está indicando los sonidos concretos de las palabras.

 

Por sus características articulatorias, los sonidos se dividen en dos clases: consonantes (que implican una mayor o menor constricción en el paso de la corriente de aire por el aparato fonador) y vocales (en cuya producción el aire procedente de los pulmones encuentra vía libre). Un par de sonidos, [w] y [j], se denominan semivocales (o semiconsonantes) porque, aunque se articulan de forma similar a los vocales, se asemejan a los consonantes en que no pueden formar un núcleo silábico por sí mismos; por ejemplo, los sonidos correspondientes a las siguientes vocales subrayadas: cuatro, Europa, pasión o aire.

 

 

Sonidos consonantes

 

En fonética, suelen representarse mediante la siguiente tabla articulatoria (a la que se han añadido algunos símbolos adicionales no recogidos en la última versión revisada del AFI):

 

LUGAR DE ARTICULACIÓN

LABIAL

CORONAL

DORSAL

RADICAL

 

bilabial

labio-dental

dental

alveolar

post-alveolar

retroflejo

palatal

velar

uvular

faríngeo

epiglotal

glotal

MODO DE ARTICULACIÓN

oclusivo

p      b

     

 

t       d

 

ʈ        ɖ

c       ɟ

k      ɡ

q      ɢ

 

ʡ

ʔ

 

fricativo

ɸ      β

f       v

θ      ð

s       z

ʃ    ʒ

ʂ    ʐ

ç       ʝ

x      ɣ

χ       ʁ

ħ      ʕ

ʜ      ʢ

h      ɦ

 

africado

 

 

 

 

ʧ    ʤ

 

 

 

 

 

 

 

 

nasal

m

ɱ

 

n

 

ɳ

ɲ

ŋ

ɴ

 

 

 

 

vibrante múltiple

ʙ

 

 

r

 

 

 

 

ʀ

 

я

 

 

vibrante simple

 

 

 

ɾ

 

ɽ

 

 

 

 

ʡ̯

 

 

aproximante

w

ʋ

 

ɹ

 

ɻ

j

ɰ

 

 

 

 

 

lateral aproximante

 

 

 

l

 

ɭ

ʎ

ʟ

 

 

 

 

 

lateral fricativo

 

 

 

ɬ      ɮ

 

 

 

 

 

 

 

 

 

lateral vibrante simple

 

 

 

ɺ

 

 

ʎ̯

ʟ̆

 

 

 

 

 

oclusivo eyectivo

p'

 

 

t'

 

ʈ'

c'

k'

q'

 

 

 

 

fricativo eyectivo

 

 

 

s'

 

 

 

 

 

 

 

 

 

oclusivo implosivo

ƥ      ɓ

 

 

ƭ       ɗ

 

 

ƈ      ʄ

ƙ      ɠ

ʠ      ʛ

 

 

 

 

click

ʘ

 

 

ǀ

ǁ

ǃ

ǂ

 

 

 

 

 

 

 

Los sonidos consonantes se clasifican siguiendo dos coordenadas fonéticas: según su lugar de articulación o parte del aparato fonador en el que se generan (bilabiales, dentales, alveolares, velares, etc.), y según su modo de articulación o posición característica de los órganos articulatorios durante su producción (oclusivos, fricativos, nasales, etc.). Por otro lado, algunos de ellos se agrupan por parejas según un rasgo acústico llamado sonoridad: las consonantes sonoras son aquéllas en las que las cuerdas vocales vibran durante su producción, mientras que en las sordas esta vibración no se produce. En general, se representan las primeras en la parte derecha de cada casilla, y las segundas en la izquierda. El sonido [w] aparece clasificado como bilabial aproximante, ya que para su producción hay que redondear los labios, aunque también es posible su inclusión como velar aproximante, dado que la lengua se acerca a la vez al velo del paladar.

 

Modo de articulación

En las consonantes oclusivas, la corriente de aire proveniente de los pulmones es retenida en la cavidad bucal durante unas milésimas de segundo y liberada súbitamente (ej.: pato, toro, casa). Las consonantes fricativas suponen un estrechamiento en una determinada zona de la cavidad bucal, de forma que el aire sale produciendo una fricción (ej.: fuerza, sopa, jarrón). Los dos sonidos consonantes africados están en realidad formados por la composición de uno oclusivo y su correspondiente fricativo (sordo con sordo y sonoro con sonoro), aunque su presencia como fonemas en muchas lenguas del mundo justifica su inclusión como categoría aparte (ej.: chalado frente a salado, yate frente a cate).

 

En las consonantes nasales, el velo del paladar permanece bajado sin obstruir la cavidad nasal, de forma que el aire sale a la vez por la boca y por la nariz (ej.: miedo, nota, baño).

 

Las consonantes vibrantes múltiples se caracterizan porque la corriente de aire hace que los órganos articulatorios —especialmente la lengua— vibren rápida y repetidamente (ej.: rojo). La diferencia entre el sonido vibrante múltiple de la r del español y el correspondiente a muchas otras lenguas (como el inglés) no es de carácter articulatorio, sino que se basa en la mayor tensión con que se produce el primero con respecto al segundo. Las vibrantes simples se articulan como las anteriores, aunque en este caso se produce una sola vibración (ej.: cara). Siguiendo convenciones fonéticas universales, en el caso de muchas lenguas se emplea el símbolo único [r] para hacer referencia tanto al sonido vibrante múltiple propiamente dicho [r] como a su correlato simple [ɾ], ya que se considera que ambos son variantes alofónicas de un mismo fonema /r/. En el caso particular del español, el segundo presenta una menor tensión articulatoria y se suele emplear entre sonidos sonoros o en final de sílaba.

 

Las aproximantes se producen acercando mutuamente dos órganos articuladores, aunque, a diferencia de las fricativas, sin llegar a obstruir la corriente de aire, que sale por un único punto central (ej.: inglés you, work). Las laterales aproximantes se articulan como las fricativas, aunque en este caso el aire fluye por los bordes laterales de la lengua (ej.: loro, calle). Las laterales fricativas suponen además un contacto entre la lengua y los dientes laterales que produce una fricción en la salida del aire (ej.: galés llew ‘león’). Las laterales vibrantes simples son sonidos similares a las laterales fricativas sonoras, aunque se articulan con una sola vibración.

 

En conjunto, las consonantes vibrantes y las laterales se denominan líquidas.

 

Las oclusivas eyectivas se articulan comprimiendo el aire de los pulmones por debajo de la glotis y expulsándolo repentinamente mediante un movimiento propulsor de la faringe, como si ésta fuera un pistón (ej.: hausa kaasuwaa ‘mercado’). Las oclusivas implosivas se producen mediante el mismo mecanismo glotal que las anteriores, aunque en este caso la dirección del aire es hacia el interior, mediante un movimiento hacia abajo de la laringe que absorbe el aire retenido (ej.: sindí diaha ‘diez’).

 

Lugar de articulación

Los sonidos consonantes bilabiales se producen juntando los labios superior e inferior (ej.: puerta, mano). En los labiodentales, los órganos articuladores que entran en contacto son los incisivos superiores y el labio inferior (ej.: fama).

 

En los sonidos dentales, la punta de la lengua se halla entre ambas filas de dientes (ej.: zapato, cada). Para la articulación de los alveolares, la lengua entra en contacto —o se aproxima— con los alveolos superiores (ej.: dolor, sopa). En los postalveolares, la lengua toca la parte posterior de los alveolos próxima al paladar (ej.: chaval, inglés shame). Aunque el grueso de estos tres grupos de sonidos dento-alveolares aparecen representados en la posición central alveolar, su lugar específico de articulación dependerá de las características de cada lengua. Los sonidos retroflejos se caracterizan porque la punta de la lengua se dobla ligeramente hacia atrás cuando entra en contacto con los alveolos (ej.: inglés americano rain, hindí beta ’hijo’).

 

Los sonidos palatales se producen al contactar la lengua con el paladar (ej.: España, alemán Ich). En el caso de los velares, la parte de la lengua que interviene en su producción se halla en la región de la boca correspondiente al velo del paladar (ej.: gato, coche). Los uvulares se articulan en una posición aún más atrasada que los anteriores, en la úvula (ej.: francés rouge).

 

En los sonidos faríngeos, los órganos articuladores implicados son la raíz de la lengua y la pared posterior de la faringe (ej.: el sonido indicado por el apóstrofo en árabe, como en mu‘allimina ‘maestros’).

 

Por último, las consonantes glotales se producen en la glotis o parte anterior de la laringe (ej.: inglés hard).

 

 

Sonidos vocales

 

La siguiente tabla articulatoria sirve para ilustrarlos:

 

FRONTALIDAD

anterior

central

posterior

ALTURA

alto

i / y

ɪ / ʏ

ɨ / ʉ

ɯ / u

ʊ

medio-alto

e / ø

ɘ / ɵ

ɤ / o

medio

 

ə

 

medio-bajo

ɛ / œ

ɜ / ɞ

ʌ / ɔ

bajo

æ

a / ɶ

ɐ

 

ɑ / ɒ

 

Los símbolos vocálicos que aparecen agrupados en parejas y separados por una barra indican que el de la derecha representa el correlato redondeado del de la izquierda, para cuya articulación los labios adoptan esta misma forma. A pesar de su posición en este cuadro, los sonidos [æ], [a] y [ɶ] suelen considerarse centrales en muchas lenguas. Por otro lado, no hay que confundir el símbolo vocálico [ø] con [Ø], que representa simplemente la ausencia de un determinado sonido.

 

Para indicar que una vocal es larga, se usa en fonética el símbolo (ː) tras ella. Esto quiere decir que su longitud es superior a la normal, aproximadamente el doble (por ejemplo, [eː] equivale a pronunciar dos “es” seguidas). En menor medida se usa este mismo símbolo para representar consonantes dobles.

 

Es práctica corriente en las transcripciones fonéticas indicar la sílaba tónica en todas aquellas palabras formadas por dos o más sílabas, para lo cual se emplea un apóstrofo (') delante de la misma (otro método consiste en colocar una tilde encima de la vocal). De esta forma, la representación de coche sería ['koʧe] (o [kóʧe]).

 

 

Variantes alofónicas

 

Secundariamente, los sonidos se pueden articular con ciertas variaciones sobre el modelo básico, lo cual se representa mediante distintos símbolos diacríticos añadidos. El diacrítico [ʲ] sirve para marcar los sonidos consonantes palatalizados, que se producen únicamente delante de las vocales palatales [i] y [e] y se articulan como los correspondientes no palatalizados pero con la parte delantera de la lengua en contacto con el paladar (ej., [bʲ] y [dʲ]). El diacrítico [ʷ] señala labialización de un sonido, lo que se consigue redondeando los labios a la vez que se articula (ej., [kʷ] y [ɡʷ]). El diacrítico [ʰ] indica aspiración, fenómeno que representa la expulsión de una cantidad extra de aire acompañando a los sonidos (como en inglés pain [pʰeɪn]). El diacrítico [ ̥ ] se añade debajo de algunas consonantes sonoras para indicar que se articulan con ensordecimiento, es decir, sin vibración de las cuerdas vocales (ej., [] y []). El diacrítico [˜] indica nasalización, para lo cual el velo del paladar desciende durante la articulación de un sonido y permite que la corriente de aire salga también por la cavidad nasal (ej., [õ] y [ã]). El diacrítico [ ̩ ] se añade debajo de algunas consonantes nasales y líquidas para indicar silabicidad, es decir, aquellos casos en los que actúan como núcleo silábico, función propia de las vocales (como por ejemplo el sonido [l] en el inglés castle [kɑs]). Algunos sonidos (en particular [l]), se marcan mediante el diacrítico [~] para señalar que su articulación se produce con un grado de velarización, para lo cual la parte posterior de la lengua se aproxima al velo del paladar (como la l del catalán, o en inglés hill [hɪɫ]).

 

 

El AFI como alfabeto universal

 

Visto lo anterior, resulta evidente la utilidad de este repertorio limitado de fonemas a la hora de describir las diferentes lenguas del mundo. Pero va mucho más allá: superando las fronteras lingüísticas y culturales que suponen la infinidad de alfabetos ortográficos existentes en la actualidad, el AFI se presenta como una forma unívoca, clara y universal de representar todos los idiomas conocidos y estudiados y de comprender su evolución e interrelaciones. A lo largo de la historia, el hombre ha buscado denodadamente la llamada lengua perfecta, aquélla que pudiera servir como medio de comunicación universal. Todos sus intentos fracasaron por tomar como punto de partida una determinada variedad, cuya gramática supuestamente explicaría la de las demás. El AFI no parte de ningún supuesto de base, simplemente describe los sonidos de las lenguas, y esto hace que sea la mejor herramienta posible para aproximarse a un idioma desconocido.

 

Dentro del ámbito hispano, el AFI resulta de fundamental importancia a la hora de adaptar a la lengua topónimos y nombres propios. En la actualidad, se combinan criterios fonológicos y ortográficos sin regularidad aparente. Por ejemplo, el nombre adaptado de la ciudad belga Brujas (flamenco Brugge) sigue un esquema claramente fonético, ya que intenta reproducir la pronunciación original ['bruxə] y, por etimología popular, se asimila al nombre de las brujas (sin relación alguna con la ciudad). Por contra, otras conservan la forma original, aun a costa de representar una pronunciación errónea (p. ej. Sarajevo, en donde la j corresponde a la semivocal [j] en serbocroata, y no a la velar [x] del español). En algunos casos, estos nombres propios se introducen a través de otra lengua intermediaria como ocurre con Francfort (Frankfurt), procedente del francés, o Danzig (Gdańsk), del alemán. Son cuestionables las ortografías de nombres extranjeros adaptadas a otras lenguas, como ocurre en el caso del genial escritor ruso Pushkin (ya que el español no emplea el grupo sh para representar el sonido palatal [ʃ]). En todos estos casos, el AFI representa un punto de referencia ineludible por el que ha de pasar cualquier criterio de adaptación de palabras extranjeras al español.

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