Lenguas TIRSÉNICAS

 

La familia tirsénica (o tirrénica) es una agrupación lingüística hipotética integrada por tres antiguos idiomas pre-indoeuropeos del Mediterráneo: etrusco (lengua de la provincia itálica de Etruria, al norte de Roma), lemnio (variedad muy próxima al etrusco hablada en la isla griega de Lemnos) y rético (lengua de la provincia romana de Recia, situada en la región alpina del norte de la Península Itálica). La existencia de dicha familia fue formulada en 1998 por el lingüista alemán Helmut Rix, quien adoptó el término “tirsénico” del griego jónico Τυρσηνοί, exónimo con el que autores griegos como Homero, Hesíodo y Heródoto se referían a los pueblos mediterráneos extranjeros (fundamentalmente los lemnios), que posteriormente fueron identificados con los Πελασγοί o “pelasgios”, habitantes de la Península Helénica antes de la llegada de los griegos. Otra lengua pre-indoeuropea de la Península Itálica, el camunio (hablado en los Alpes centrales durante el primer milenio a.C.), podría pertenecer también a la familia tirsénica, aunque los escasos testimonios conservados no permiten asegurar su adscripción lingüística.

 

Las lenguas tirsénicas no presentan relaciones filogenéticas con ningún otro idioma mediterráneo de su entorno. Según Rix, derivan de una antigua variedad común conocida como prototirsenio, de la que comenzaron a diferenciarse hacia el año 1000 a.C. Acerca de su origen, se han propuesto varias teorías, aunque tan sólo dos de ellas están basadas en un estudio filológico comparativo de los textos conservados: una primera hipótesis incluye las lenguas tirsénicas dentro de la macrofamilia egea, junto con otros dos idiomas pre-indoeuropeos de la Edad de Hierro mediterránea, el eteocretense ―lengua hablada entre los siglos VII y III a.C. en la isla de Creta, asociada a la civilización minoica que empleó un tipo de escritura silábica conocida como lineal A― y el eteochipriota ―hablado en Chipre entre los siglos X y IV a.C. y representado mediante un silabario derivado de lineal A―, aunque los escasos testimonios conservados de estas dos lenguas no permiten extraer conclusiones definitivas; por otro lado, la teoría que conecta la familia tirsénica con las lenguas anatolias de Asia Menor está basada en un parecido léxico y gramatical más que razonable, aunque nuevamente esto puede deberse a la convivencia en un área lingüística común (Sprachbund) más que a una verdadera relación filogenética.

 

Sea cual fuere su origen, las lenguas tirsénicas desaparecieron tras la progresiva asimilación cultural de sus hablantes a otros pueblos conquistadores. La primera en hacerlo fue el lemnio, que se extinguió en el siglo III a.C. tras la expansión del griego en la isla de Lemnos; el etrusco comenzó a declinar a partir de la conquista de Etruria por parte del Imperio Romano en el siglo I a.C., y hacia el siglo IV d.C. ya había sido reemplazado completamente por el latín; el rético, por su parte, fue la variedad tirsénica que más tiempo sobrevivió debido a su aislamiento en la región montañosa de los Alpes, aunque finalmente desapareció como variedad hablada en el siglo III d.C. como resultado de la influencia conjunta del latín vulgar (desde el sur) y las lenguas germánicas (desde el norte).

 

El etrusco es la lengua tirsénica más conocida, ya que ha dejado un mayor número de testimonios escritos. A través de su comparación con inscripciones del rético y el lemnio ―representadas igualmente en caracteres del alfabeto etrusco― se descubren semejanzas gramaticales significativas que parecen confirmar su parentesco, tanto en el sistema morfológico (terminaciones comunes para los casos genitivo, dativo y locativo) y sintáctico (verbo en última posición dentro de la frase y empleo abundante de estructuras de genitivo) como en el terreno léxico (con términos comunes como zal ‘dos’ en etrusco y rético o ziva ‘morir’ en etrusco y lemnio). Los testimonios documentales parecen mostrar que el lemnio y el rético se hallan en el estado evolutivo más arcaico de un supuesto protoetrusco (debido seguramente a su aislamiento geográfico), mientras que el etrusco presenta un mayor grado de evolución (que se demuestra en la reducción de sus sufijos nominales y verbales, como la marca de caso locativo -aiθ > -iθ o la desinencia de pretérito -ai > -i). Ello parece reforzar la hipótesis de que el protoetrusco procedería de las lenguas anatolias de Asia Menor (con las que guarda grandes semejanzas gramaticales), cuyos antiguos hablantes, tras atravesar el mar Egeo y establecerse en la isla de Lemnos, contiuaron su travesía hasta llegar a Etruria. Posteriormente, el rético sería simplemente un etrusco colonial llevado por comerciantes al norte de la Península Itálica.

 

Bibliografía

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