Sistemas de escritura

 

Existen tres sistemas de escritura principales para representar las lenguas del mundo: alfabetos, silabarios y logogramas.

 

En un sentido general, un alfabeto es un sistema de signos gráficos (o grafemas) usados para la representación escrita de una lengua. Los elementos que lo forman se llaman letras, que simbolizan los fonemas o sonidos de una determinada lengua. En este sentido, los alfabetos se diferencian de los silabarios (en los que cada carácter representa una sílaba, como la escritura japonesa) y los logogramas (en los que cada elemento representa una palabra, morfema o unidad semántica, como los jeroglíficos egipcios o, en cierta medida, la escritura china).

 

En un sentido más restringido, un “alfabeto” es un sistema de escritura formado por letras que representan vocales y consonantes. Esta acepción deriva del alfabeto griego (de donde toma el nombre de sus dos primeras letras, “alfa” y “beta”), que se considera el primer alfabeto propiamente dicho. En este sentido, los sistemas de escritura semíticos, como el árabe y el hebreo, no serían “alfabetos” técnicamente hablando, ya que tan sólo representan las consonantes.

 

Una clase particular de alfabeto es el llamado Alfabeto Fonético Internacional (AFI o IPA en inglés) que, a diferencia de los alfabetos convencionales, no representa una lengua en particular, sino el espectro de posibles sonidos en todas las lenguas del mundo.

 

La mayoría de las lenguas del mundo habladas actualmente utilizan algún tipo de sistema de escritura para su representación escrita. El más extendido es el alfabeto latino que, en sus distintas variedades, se usa en toda América y Oceanía, la mayor parte de Europa y África, y ciertas regiones de Asia. Le sigue el alfabeto árabe, que se emplea en el norte de África, Oriente Medio y el suroeste asiático. El alfabeto cirílico es el sistema de escritura de Rusia y la mayoría de países de Europa del Este. La escritura china es una mezcla de logograma y silabario empleada en toda China. En la mayor parte de la India se emplea un silabario llamado devanāgarī para representar la lengua hindí, formado por caracteres consonantes que se pronuncian acompañados por una vocal inherente.

 

 

ORIGEN Y DESARROLLO DEL ALFABETO

 

En las más antiguas formas de escritura que se conocen, los jeroglíficos egipcios (atestiguados alrededor de 3200 a.C.), las palabras o las sílabas aparecían representadas por ideogramas o pictogramas, sin relación lingüística alguna con los sonidos que constituían dicha palabra. Los símbolos jeroglíficos egipcios, de naturaleza fonética, únicamente transcribían las consonantes (no las vocales), aunque un mismo pictograma podía representar varias consonantes distintas.

 

Hacia el año 3000 a.C. aparece un tipo de representación escrita conocida como escritura cuneiforme, con trazos basados en combinaciones de agujeros y pequeñas cuñas —de ahí su nombre—, que emplearon una serie de pueblos que habitaron en Asia occidental (sumerios, acadios, asirios, babilonios y persas). Pese a que no puede considerarse un alfabeto propiamente dicho, la escritura cuneiforme de un modo u otro motivó el surgimiento de una serie de sistemas de representación escrita en la cuenca del Mediterráneo, en Oriente Medio y en la India.

 

Hacia el año 1800 a.C. los cananeos, un pueblo con una lengua de origen semítico que vivía en los antiguos territorios de Palestina y Siria, comenzaron a usar un número limitado de jeroglíficos egipcios para representar sonidos individuales del habla, escritos de derecha a izquierda, en lo que constituye el primer sistema de escritura propiamente dicho, conocido como escritura proto-cananea (fijada hacia 1500 a.C.), que puede considerarse como el verdadero origen del alfabeto. Al igual que los egipcios, los cananeos representaban únicamente  consonantes (no vocales), pero introdujeron como novedad el uso general de un único símbolo para cada sonido consonántico.

 

El carácter semi-jeroglífico del proto-cananeo puede descubrirse en el nombre de algunas de sus “letras”, como la primera de ellas, ‘aleph, que significa ‘buey’ y que posee la forma de la cabeza de este animal; de hecho, si se invierte la letra alfa (A) a que dio posteriormente origen se puede descubrir una semejanza con la cabeza de un buey. Los cananeos adoptaron la forma del jeroglífico que significaba “cabeza de buey” en egipcio, pero no su sonido, y lo usaron para representar el primer sonido glotal [ʔ] de la palabra ‘aleph, en un tipo de representación escrita que se conoce como escritura acrofonética: signos originariamente ideográficos que se convierten en signos fonéticos con el valor del sonido inicial del nombre que posee el objeto por ellos designados. De forma similar, el segundo símbolo del alfabeto proto-cananeo, bēth, emplea el jeroglífico con el significado ‘casa’ para transcribir el sonido [b].

 

Hacia el año 1300 a.C., una variante oriental de la escritura proto-cananea comenzó a extenderse por el sur de la Península Arábiga: es lo que se conoce como escritura proto-arábiga, que evolucionaría hasta convertirse en el siglo V a.C. en la escritura arábiga meridional. Con la expansión del Islam, el alfabeto árabigo (véase más abajo) comenzó a sustituir a esta escritura, que antes de su completa desaparición cruzó el Mar Rojo y llegó a Etiopía, en donde se conservó hasta la actualidad como alfabeto etiópico (que, a diferencia de la escritura arábiga meridional, representa las vocales).

 

Igualmente hacia el año 1300 a.C., en la antigua ciudad de Siria occidental llamada Ugarit comenzó a usarse otra derivación de la escritura proto-cananea, la escritura ugarítica, para representar la lengua semítica hablada allí, formada por 30 símbolos de base cuneiforme (aunque sin relación con ninguna otra escritura cuneiforme, como la de los sumerios o los acadios). Pese a no constituir un alfabeto propiamente dicho, la escritura ugarítica muestra el primer orden lineal de los símbolos, como las modernas escrituras alfabéticas.

 

Hacia el año 1200 a.C., los herederos culturales de los cananeos, los fenicios, adoptaron una versión del proto-cananeo en la que simplificaron la forma de los caracteres y añadieron otros nuevos: es lo que se conoce como escritura fenicia (fijada hacia 1000 a.C.), origen de los modernos alfabetos, en la que los símbolos poseen ya formas más reconocibles como letras.

 

Alrededor del año 800 a.C., los antiguos griegos, a través de sus intercambios comerciales con los fenicios, adoptaron su escritura para la representación del griego arcaico, aunque tuvieron la brillante idea de utilizar algunos símbolos fenicios como sonidos vocálicos (alfa, épsilon, eta, omega) —ya que en los sistemas de escritura semíticos tan sólo se representan las consonantes, no las vocales— y dividir el carácter fenicio wāw en dos letras griegas: wau (posteriormente llamada digamma, cuyo sonido original [w] se perdió en el griego clásico pero cuya forma sobrevive en la moderna letra latina F) e ypsilón (origen de las modernas U, V, W, Y). El alfabeto griego se considera el primer sistema de escritura alfabético propiamente dicho, ya que diferencia consonantes y vocales.

 

Los otros dos immediatos descendientes de la escritura fenicia (aparte del alfabeto griego) fueron el alfabeto hebreo antiguo y el alfabeto arameo. El primero de ellos fue usado por los israelíes y los moabitas, aunque finalmente desapareció (conservado únicamente bajo la forma de escritura samaritana). El alfabeto arameo, por su parte, adquirió una gran popularidad en Anatolia, Mesopotamia, Egipto y Persia, y finalmente evolucionó hasta dar lugar a los modernos alfabeto arábigo, alfabeto hebreo y alfabeto brāhmī (origen del moderno sistema de escritura usado para representar el hindí, la lengua mayoritaria de la India).

 

Hacia el año 700 a.C. los etruscos, un pueblo que habitaba en la región central occidental de la Península Itálica (actual Toscana) adoptaron una variedad occidental del alfabeto griego (griego jónico). Fue precisamente este alfabeto etrusco el que los conquistadores romanos utilizaron para representar por escrito el latín arcaico, aunque con algunas novedades, como letras con formas menos angulares y escritura de izquierda a derecha. De las 26 letras originales del alfabeto etrusco, los romanos adoptaron 21 para conformar el originario alfabeto latino, que con el tiempo se convertiría en el principal sistema de escritura de las lenguas del mundo.

 

Hacia el año 200 de la era cristiana, en el norte de Europa comenzó a usarse un sistema de escritura conocido como alfabeto rúnico (o futhark), de cuyos orígenes poco se sabe (aunque es posible que derive en última instancia del alfabeto etrusco a través de algún sistema de escritura del norte de Italia). Con la introducción del cristianismo en esta región, el alfabeto rúnico fue finalmente sustituido por el alfabeto latino.

 

Por lo que respecta al alfabeto griego, únicamente la variante ático-jónica se conservó para representar el griego clásico y moderno. A mediados del siglo IV, los caracteres griegos sirvieron como base del alfabeto gótico, que se usó para representar por escrito la lengua de los pueblos godos de Centroeuropa. A finales del siglo IX, los pueblos eslavos del este de Europa crearon igualmente dos sistemas de escritura derivados del griego: alfabeto cirílico y alfabeto glagolítico.

 

De forma esquemática, la evolución de los distintos alfabetos puede representarse de la siguiente manera:

 


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