CATALÁN

 

FICHA TÉCNICA

Nombre original

català [kata'ɫa]

Nombre español

catalán [kata'lan]

Nombre inglés

Catalan ['kætəlæn]

Filiación lingüística

familia indoeuropea > grupo románico > rama occidental > subgrupo iberorrománico

Hablado en

España¹

Número de hablantes

11.500.000 (2010)

Dialectos principales

catalán estándar, valenciano, balear

Sistema de escritura

alfabeto latino

Documentado desde

s. XII

Tipología sintáctica

S-V-O

° idioma nacional ¹ idioma oficial + dialecto # idioma minoritario.

 

ESQUEMA

1.        Introducción

2.        Evolución histórica

3.        Ortografía y pronunciación

4.        Morfología

5.        Sintaxis

6.        Texto ilustrativo

 

 

Introducción

 

El catalán pertenece a la rama occidental, subgrupo iberorrománico, de las lenguas románicas, subclase dentro de la familia indoeuropea. Se habla fundamentalmente en la región histórica de Cataluña, al noreste de la Península Ibérica, en donde constituye uno de los cuatro idiomas oficiales del Estado español, junto con el español, el gallego y el euskera. El dialecto principal es el llamado catalán estándar, que se habla en la Comunidad Autónoma de Cataluña (distinta de la anterior región), el Principado de Andorra (en donde es la única lengua oficial) y el sur de Francia, en la zona de los Pirineos orientales antiguamente conocida como el Rosellón francés (en donde existen alrededor de 250.000 hablantes). Por otro lado, el catalán se habla como variedad local en la Comunidad Valenciana y en las Islas Baleares, en donde se conoce como valenciano y balear, respectivamente. Ambas son igualmente lenguas oficiales en sus territorios (junto con el español), y como tales se hallan recogidas en sus estatutos de autonomía. En Alguer, una ciudad al norte de Cerdeña, existe un grupo de 30.000 catalanoparlantes, cuya presencia testimonia las antiguas conquistas que los catalanes realizaron por el Mediterráneo.

 

Tradicionalmente, el catalán se ha dividido en dialectos orientales y occidentales. El catalán oriental comprende las variedades central (Cataluña), balear (Islas Baleares), rosellonés (comarcas de Rosellón, Conflent, Vallespir, Capcir y Cerdaña en Francia, así como el norte de Gerona y el noreste de Lérida) y alguerés (en la ciudad de Alguer). Dentro del balear se distinguen los subdialectos mallorquín, menorquín e ibicenco. El catalán occidental comprende el leridano (Andorra, Lérida, oeste y sur de Tarragona, norte de Castellón y una estrecha franja al este de Aragón) y el valenciano (Castellón, Valencia y Alicante). Cada uno de estos seis dialectos posee un foco de influencia localizado: catalán central (Barcelona), balear (Palma de Mallorca), rosellonés (Perpiñán), alguerés (Alguer), leridano (Lérida), valenciano (Valencia). Aunque difieren especialmente en fonética, morfología y léxico, no se apartan entre sí tanto como el castellano de sus variantes periféricas (leonés, aragonés, asturiano, andaluz, extremeño, murciano y canario).

 

En cualquier caso, y por encima de diferencias dialectales, la variedad literaria del catalán presenta un carácter claramente unitario. No puede hablarse en este sentido de un único dialecto que se haya impuesto claramente a los demás (como el castellano en el caso de la lengua española), ya que todas las modalidades locales del catalán han colaborado a la unificación lingüística y ortográfica de la lengua literaria moderna, que descansa sobre tres pilares básicos: 1) el catalán medieval y clásico; 2) las variantes dialectales modernas; 3) la autoridad de los grandes escritores modernos —fundamentalmente a partir de Jacinto Verdaguer—, en los cuales predomina la lengua literaria de Barcelona. Es precisamente el catalán central de esta ciudad el que ha venido siendo identificado como la variedad estándar, debido a la importancia de su literatura escrita y al gran peso específico de Barcelona. Las mayores discrepancias con el resto de dialectos son de pronunciación más que estrictamente gramaticales.

 

Sin embargo, durante los últimos años se ha venido produciendo una agria polémica en torno a la correcta denominación de esta lengua (que en mayo de 1997 dio lugar al debate político por la “unidad del catalán”), ya que algunos lingüistas defienden que tanto el valenciano como el balear son dos variedades románicas que derivaron del latín independientemente del catalán. Por una parte, los pancatalanistas defienden que este idioma se expandió hacia el sur a raíz de la conquista de Valencia por Jaime I en 1238. Los que propugnan la separación lingüística argumentan, por el contrario, que si lo anterior fuera cierto el valenciano se tendría que parecer más al catalán oriental (de cuyo territorio procedían los colonos que se establecieron en Valencia) que al occidental. Además, en las comarcas que no fueron repobladas con catalanes sino con aragoneses (como por ejemplo Játiva) el valenciano subsistió con identidad propia, lo que en su opinión viene a demostrar que la lengua era anterior a la conquista y no fue influida por ella. Ya en un plano literario, los separatistas valencianos señalan como principal argumento de la madurez de su lengua el hecho de que durante los siglos XIV y XV floreciera la Edad de Oro de las letras valencianas con autores como San Vicente Ferrer, Ausiàs March o Joanot Martorell (lo cual sería bastante inusual si su lengua fuera el catalán, idioma recién aprendido tras la conquista del siglo XIII).

 

En cualquier caso, fuera cual fuera el origen de las distintas variedades locales de la costa mediterránea española, lo que hoy en día nadie discute es que la lengua que todos hablan (en el sentido más estricto de ‘sistema lingüístico unificado’) es la misma, por encima de las denominaciones que pueda recibir. Lo que no se debe hacer es confundir una simple denominación lingüística con la adscripción geográfica y política de cada comunidad de hablantes, ya que se trata de dos ámbitos totalmente distintos. Al igual que el español es el idioma de España y de América, o el neerlandés lo es de los Países Bajos y Bélgica, hay que entender que “catalán”, en este sentido, se refiere únicamente a la lengua común que se habla en Cataluña, Valencia y Baleares. Lo único que conviene destacar es que en cada territorio recibe un nombre distinto: “catalán” propiamente dicho en Cataluña, “valenciano” en la Comunidad Valenciana y “balear” en las Islas Baleares (cada uno de ellos con sus propios dialectos internos). En lo que sigue, cuando se emplee el término “catalán” se estará haciendo mención a la lengua común de todas estas regiones.

 

 

Evolución histórica

 

El primitivo germen del catalán se considera situado en una zona pirenaica comprendida entre Andorra y el Ampurdán, en donde la variedad de latín vulgar implantado en la Península Ibérica por los conquistadores romanos empezó a desarrollarse como forma dialectal autóctona. A partir de esta temprana fecha, la evolución de los condados catalanes, la reconquista y la posterior expansión marítima configuraron el asentamiento actual de la lengua.

 

Frente al mosaico lingüístico del resto de los romances peninsulares arcaicos, en el catalán antiguo apenas se advierten escisiones dialectales. La lengua catalana medieval se basa en la modalidad literaria que impone la cancillería de la Corona de Aragón, a la cual se subordinan todos los escritores de la época. A finales del siglo XIV, partiendo de una fragmentación dialectal en la lengua hablada, se empieza a observar una tendencia secesionista en tierras de Valencia y Mallorca que, más que apoyarse en diversidades dialectales efectivas —que casi no existen—, arranca de un personalismo cultural que lleva a algunos autores autóctonos a hablar de “llengua valenciana” y “llengua mallorquina”. Puede decirse que el catalán se fragmentó claramente en sus tres dialectos principales, catalán central, valenciano y balear, en el siglo XVI, momento en el que empieza a producirse una decadencia en su literatura. Lo que ocurrió en realidad fue que, al desaparecer la antigua unidad de la lengua literario-cancilleresca, se puso claramente de manifiesto la diversidad dialectal de la lengua hablada, que seguramente existió —aunque en un “estado latente”— desde la misma época de formación del idioma.

 

En términos de producción literaria, el catalán es la lengua minoritaria más importante de toda Europa occidental. Los primeros testimonios escritos datan del siglo XII, en el marco de la poesía trovadoresca que desarrolló en común con el occitano, la lengua vecina del sur de Francia. El gran parecido que existía entre estos dos idiomas romances hizo que, hasta 1900, la filología románica considerara el catalán como un mero dialecto del anterior. Durante la Edad Media, y hasta el siglo XV, la literatura catalana generó una floreciente e importantísima producción, con autores de la talla de Ramón Llull (1233-1315), Francesc Eiximenis (1340-1409), Bernat Metge (1345-1413), San Vicente Ferrer (1350-1419), Ausiàs March (1397-1459) y Joanot Martorell (siglo XV), obras históricas como las Crónicas y novelas como Curial e Güelfa o Tirant lo Blanch. El catalán desempeñó entonces un papel fundamental en Europa, de la mano sobre todo de sus dos escritores más representativos: Ramón Llull, visionario neoplatónico, filósofo y lingüista, cuya obra Ars Magna conjuga los paradigmas del mundo cristiano, islámico y griego; y Ausiàs March, considerado en su época el más grande poeta europeo.

 

No obstante, la literatura catalana entra en un período de decadencia y letargo a comienzos del siglo XVI. En el siglo XVIII, el espíritu erudito de la Ilustración intenta recuperar el catalán escrito, con obras como Prontuario orthologi-graphico trilingüe (1742), del P. Pedro Martyr de Anglés, Instruccions per la ensenyansa de minyons (1749), de Mn. Baldiri Rexach, Gramàtica cathalana (1752-55), de Mn. Josep Ullastra, De la ortografia catalana (1792), de Antoni Alegret o Gramàtica catalana (1796), de Joan Petit i Aguilar. Las dos figuras más importantes de la filología catalana setecentista son el valenciano Carles Ros y el gerundense Antoni de Bastero. El primero intenta recuperar el catalán como lengua escrita, y en 1764 publica el Diccionario valenciano castellano, obra importante de cara a la normalización ortográfica de la lengua. Por su parte, Bastero escribió una Controvèrsia sobre la perfecció i origen de la llengua catalana, de carácter apologético más que científico, en la que invoca la gloriosa tradición literaria del catalán.

 

La que está considerada como la primera gramática propiamente dicha de la lengua catalana la escribió en 1815 Mn. Josep Pau Ballot, con el título de Gramàtica y apologia de la llengua cathalana. A pesar de sus deficiencias metodológicas, cubre los aspectos gramaticales fundamentales, bajo la clara influencia de la tradición latina. Con la publicación en 1833 de la Oda a la pàtria, de Buenaventura Carlos Aribau (1798-1862), y la aparición seis años más tarde de Lo gayter del Llobregat, de Joaquim Rubió i Ors (1818-1899), comienza la Renaixença (Renacimiento) de la literatura catalana en el siglo XIX, cuya principal actividad fue el restablecimiento de los Jocs Florals ‘juegos florales’ en 1859. Algunos de los escritores que más influyeron en este movimiento cultural fueron Manuel Milà i Fontanals (1818-1884), Antoni Bofarull i de Brocá (1821-1892) y Marià Aguiló i Fuster (1825-1897). Sin embargo, la figura de Jacinto Verdaguer (1845-1902) destaca con nombre propio dentro de las letras catalanas decimonónicas, cuya recuperación se debió en gran medida a su importantísima producción de poesías románticas. Las gramáticas que se redactan durante esta época carecen de una base metodológica sólida, y se preocupan fundamentalmente de cuestiones ortográficas; algunas de las más importantes son Elementos de gramática castellana-catalana (1829), de Josep Domènech i Circuns, y Gramática catalana castellana (1847), de Magí Pers i Ramona.

 

Desde mediados del siglo XIX se desarrolló una producción regular en prosa y en verso, aunque con el comienzo de la Guerra Civil Española la cultura catalana fue proscrita por el Régimen Franquista. Los principales hitos culturales de esta época son la fundación en 1907 del Institut d'Estudis Catalans, que publicó unas Normes ortogràfiques (1913), y la aparición en 1912 de la primera versión de la Gramática de la lengua catalana, de Pompeu Fabra (1868-1948), en la que se comparan el catalán y el castellano y se admiten varias soluciones dialectales para la lengua. Su continuación, la Gramàtica catalana (1918), sentó las bases del catalán moderno, con un criterio más preceptivo que descriptivo. A partir de la década de 1970 hay un intento por recuperar el rico legado literario del catalán, que continúa con éxito hasta la actualidad.

 

 

Ortografía y pronunciación

 

El catalán emplea para su representación escrita el alfabeto latino. Adicionalmente, posee una serie de signos diacríticos para indicar sonidos particulares de la lengua, como la cedilla bajo la letra c (ç) para señalar su pronunciación como [s] delante de a, o, u, y dos tipos de acentos para marcar el timbre de las vocales: graves (à, è, ò) y agudos (é, í, ó, ú). La ausencia o presencia de esta tilde en la escritura tiene en ocasiones valor distintivo (compárese el par nét ‘nieto’, con una e cerrada, y net ‘limpio’, con una e abierta). Característico del catalán es el empleo del apóstrofo (’) para unir ciertas palabras que representan una unidad fonética. Supone siempre la elisión de una vocal, y para que esto se produzca es necesario que entren en contacto dos palabras de las cuales la primera acaba en vocal y la segunda comienza por vocal o h (ej.: l’únic, d’hivern, t’esperem). La palabra que se apostrofa es siempre una partícula átona (pronombres clíticos, artículos, preposiciones, etc.).

 

El alfabeto catalán está compuesto por las siguientes 26 letras:

 

Mayúsculas

A

B

C

D

E

F

G

H

I

J

K

L

M

N

O

P

Q

R

S

T

U

V

W

X

Y

Z

Minúsculas

a

b

c

d

e

f

g

h

i

j

k

l

m

n

o

p

q

r

s

t

u

v

w

x

y

z

Pronunciación (véase AFI)*

a

b

k/s

d

e

f

ɡ/ʒ

-

i

ʒ

k

ɫ

m

n

o

p

k

r

s

t

u

b

b

ʃ

i

z

* Representa la pronunciación de la letra aislada o la más habitual. Para su pronunciación real en el contexto de la palabra, véase las distintas reglas ortográficas más abajo.

 

La ortografía del catalán moderno es una continuación de las normas que elaboró Pompeu Fabra en 1912. En términos generales posee un gran paralelismo con el sistema escrito del español, aunque existen algunas particularidades que se detallan a continuación:

 

■ El sonido alveolar sordo [s] se representa mediante cuatro tipos de grafías: 1) s al comienzo de palabra (ej.: sol), en el interior tras consonante (ej.: dacsa) y tras un prefijo acabado en vocal (ej.: antesala, presupost); 2) ss en posición intervocálica en el interior de palabra (ej.: bossa); 3) c delante de las vocales palatales e, i (ej.: ceràmica, decimal); 4) ç delante de las vocales a, o, u (ej.: caçador, cançó), en final de palabra (ej.: llaç) y en el interior o final de grupos léxicos en los que se produzca su alternancia con c (ej.: comerçcomerçoscomerciant). El sonido alveolar sonoro [z] se representa como s en posición intervocálica (ej.: casa, rosa) y como z en cualquier otra posición salvo final de palabra (ej.: zel, amazona, onze).

 

El sonido velar sordo [k] se representa mediante cinco tipos de grafías: 1) c delante de las vocales a, o, u (ej.: callar, cova) o en final de palabra (ej.: llac, prec); 2) q seguida de los grupos vocálicos ua, uo (ej.: quatre, quorum); 3) qu delante de las palatales e, i (ej.: queixa, inquietar) o si la u se pronuncia en estos contextos (ej.: eqüestre, obliqüitat); 4) ch en final de palabra, generalmente en nombres propios (ej.: Bosch, Lluch, Domènech, etc., aunque corrientemente se pronuncie [ʧ]); 5) k en palabras de origen no latino (ej.: kaiser, troskiste). El sonido velar sonoro [ɡ] presenta las mismas reglas ortográficas que en español (ej.: gat, angoixa, guerra, güelf).

 

El sonido africado sordo [ʧ] se representa ortográficamente mediante tres tipos de grafías: 1) ig en final de palabra tras las vocales a, e, o, u (ej.: escaig, roig, puig); 2) tx o g en final de palabra tras una i tónica (ej.: capritx [kə'priʧ], desig); 3) tx en posición inicial, media o final de palabra (ej.: txec, cotxe, despatx [des'paʧ]). El sonido africado sonoro [ʤ] se representa mediante g o tg delante de las vocales palatales e, i (ej.: gent, metge), y tj delante de a, o, u (ej.: corretja).

 

■ Las consonantes africadas dentales [ts] y [dz] poseen valor fonológico en catalán (ej.: potser, magatzem).

 

El sonido fricativo palatal sordo [ʃ] se representa mediante x o ix (ej.: xarop, caixa ['kaʃə], guix [ɡiʃ]). El sonido fricativo palatal sonoro [ʒ] se representa mediante j (ej.: jardí, neteja, joguet) y en ocasiones mediante g delante de vocal palatal (ej.: genoll, regir, gent).

 

El sonido nasal palatal [ɲ] (ñ en español) se transcribe en catalán como el dígrafo ny (ej.: vergonya, seny, any).

 

■ El sonido nasal velar [ŋ], aunque también existe en español, funciona en catalán como un verdadero fonema con valor contrastivo (ej.: angle, digne, banc [baŋ] ‘banco’ vs. ban [ban] ‘edicto’).

 

■ El sonido lateral [ɫ] es equivalente a la l del español, aunque presenta un grado extra de velarización (ej.: pala ['paɫə], cel [sɛɫ]).

 

■ Una característica ortográfica del catalán es el llamado “punto volado” (·) para indicar la l geminada (l·l), que corresponde a una pronunciación larga de esta consonante en interior de palabra (como en novel·la [no'βeɫːa]), por oposición al sonido palatal [ʎ] del dígrafo ll.

 

El inventario de sonidos consonantes del catalán se representa mediante el siguiente esquema (véase Alfabeto Fonético Internacional):

 

LUGAR DE ARTICULACIÓN

bilabial

labio-dental

dental

alveolar

palatal

velar

MODO DE ARTICULACIÓN

oclusivo

p b

 

t d

 

 

ɡ

fricativo

 

f

 

s z

ʃ  ʒ

 

africado

 

 

ts dz

 

ʧ  ʤ

 

nasal

m

 

 

n

ɲ

ŋ

vibrante múltiple

 

 

 

r

 

 

vibrante simple

 

 

 

ɾ

 

 

lateral

 

 

 

 

ʎ

ɫ

aproximante

w

 

 

 

j

 

 

A pesar de que algunas gramáticas valencianas postulan la existencia del fonema fricativo labiodental /v/, que se representaría mediante la letra v (como en viatge o haver), en catalán estándar tan sólo existe el oclusivo bilabial /b/, que se transcribe mediante b y v (ej.: balcó, vall, àmbit, enveja). En posición final de sílaba delante de consonante sorda o en final de palabra, los fonemas oclusivos sonoros /b/, /d/ y /ɡ/ se articulan como sus correlatos sordos (ej.: obtenir [uptə'ni], solitud [suli'tut], lleg [ʎek]). De forma complementaria, cuando los oclusivos anteriores se hallan en contextos sonoros se pronuncian como sus correlatos fricativos [β], [ð] y [ɣ] (ej.: cova, ordre, cargol, anècdota [a'nɛɣdotə]). El fonema oclusivo sordo /p/ no se pronuncia ―a pesar de que se represente por escrito después de m en final de palabra (ej.: camp [kam], temps [tems]). Lo mismo ocurre con /t/ detrás de l y n (ej.: alt [aɫ], munts [muns]) y con /k/ detrás de n, que se velariza como [ŋ] (ej.: sangs [saŋs]). En numerosas palabras que se escriben con r al final, esta letra no se pronuncia (ej.: flor [flɔ], calor [kə'lo]).

 

El inventario de sonidos vocálicos del catalán, a diferencia del del español, ha conservado las siete vocales originarias de la etapa del latín vulgar, además de la vocal de timbre indeciso [ə]:

 

FRONTALIDAD

anterior

central

posterior

ALTURA

alto

i

 

u

medio-alto

e

 

o

medio

 

ə

 

medio-bajo

ɛ

 

ɔ

bajo

 

a

 

 

Las cinco vocales plenas —[a], [e], [i], [o], [u]— se pronuncian igual que en español (ej.: vas ‘vaso’, carrer ‘calle’, nit ‘noche’, onze ‘once’, únic ‘único’). La reducción vocálica en sílaba átona constituye un importante rasgo del sistema vocálico catalán; de esta forma, los sonidos [e] y [a] se reducen a [ə] (ej.: patata [pə'tatə]), mientras que [o] se convierte en [u] (ej.: forçar [fuɾ'sa] ‘forzar’, donar [du'na] ‘dar’). Las vocales [ɛ] y [ɔ] son ligeramente más abiertas que sus correlatos cerrados [e] y [o] (ej.: nen [nɛn] ‘niño’, joc [ʒɔk] ‘juego’). Como norma general, el acento grave señala ortográficamente las primeras, mientras que las segundas poseen un acento agudo (ej.: mercè ‘merced’, xinès ‘chino’, gòtic ‘gótico’; nét ‘nieto’, cançó ‘canción’).

 

En cuanto a la división silábica de las palabras del catalán, funcionan, en general, las mismas normas que en español. Además, hay que tener en cuenta lo siguiente:

1) Son inseparables los grupos UU (duu), GÜE (ai-gües), GÜI (am-bi-güi-tat), QÜE (qües-ti-ó), QÜI (o-bli-qüi-tat) y NY (es-tany).

2) Son separables a) las sílabas en las que I y U funcionan como semiconsonantes, salvo detrás de vocales fuertes, al principio de palabras o entre vocales (ej.: grà-ci-a, pi-e-tat, cu-a, fu-et; pero io-de, iu-ca, no-ia, to-ia); b) los dígrafos RR, SS y, en ocasiones, LL (ej.: bar-ra, pas-s, al-lu-si-ó); c) las vocales que no forman diptongo, lo cual se indica mediante el acento o la diéresis (ej.: pa-ís, pa-ï-sos, pe-ü-lla, ru-ï-na). No obstante, se omite la diéresis en las terminaciones del futuro, el condicional, el infinitivo y el gerundio (ej.: tra-i-ré, tra-i-ri-en, tra-ir, tra-int), así como en las palabras compuestas (ej.: co-in-ci-dir, re-in-te-grar).

 

El acento prosódico del catalán recae normalmente en la penúltima sílaba de las palabras con final vocálico, o en la última si acaban en un diptongo. Las desviaciones de esta regla general se indican mediante la acentuación ortográfica, que presenta las siguientes normas:

1) Se acentúan todas las palabras agudas terminadas en À, É, È, Í, Ó, Ò, Ú (ej.: demà, puré, setè, robí, peó, això, oportú) y las acabadas en ÀS, ÉS, ÈS, ÉN, ÈN, ÍS, ÍN, ÓS, ÒS, ÚS (ej.: cabàs, accés, espès, amén, ofèn, vernís, esplín, amorós, espòs, abús). No se acentúan las palabras agudas terminadas en I, IS, IN, U, US si forman parte de un diptongo decreciente (ej.: espai, serveis, gripau, dinou, guineus).

2) Se acentúan todas las palabras llanas que no poseen ninguna de las terminaciones anteriores (ej.: àcid, anàveu, antídot, cànem, diàfan, diguéssiu, húmer, inèdit, tròlei).

3) Se acentúan todas las palabras esdrújulas (ej.: ànima, Àsia, brúixola, cúpula, època, sèrie, zitzània).

 

 

Morfología

 

Los nombres en catalán pueden ser masculinos o femeninos, aunque algunas palabras presentan un género distinto con respecto a sus correlatos en español (ej.: cat. la calor — esp. el calor, cat. el senyal — esp. la señal). Un rasgo característico de esta lengua es el empleo de artículos determinados con valor genérico delante de nombres propios: el/la en el lenguaje familiar (el Joan, la Maria) y sus variantes en/na en el lenguaje formal (en Ramón, na Mercè); si el nombre comienza por vocal, estos artículos se apostrofan (l'Enric, l’Olga, n’Albert), excepto en el caso de los nombres femeninos que comienzan por i/u átona (la Isabel), fenómeno que también afecta a los sustantivos y adjetivos (la universitat, pero l’única). En general, las formas femeninas se crean a partir de las masculinas mediante la adición del sufijo -a (ej.: fillfilla, noinoia), aunque existen otra serie de terminaciones (ej.: lleólleona, abadabadessa, lloplloba, boigboja, actoractriu). La marca de plural es por lo general -s (ej.: fillfills, gatgats); cuando la palabra acaba en -e o -a átonas, el plural se forma mediante -es (ej.: casacases, maremares); cuando acaba en vocal tónica, se añade el grupo -ns (ej.: lleólleons, aunque hay excepciones, como bisturís, cafès, mamàs, menús); cuando acaba en consonante fricativa se añade -os (ej.: gasgasos, braçbraços, revésrevéssos, peixpeixos); cuando acaba en -g o -ig se añade -s (ej.: desigdesigs, mareigmareigs, aunque también son válidos los plurales desitjos y mareijos). Al igual que en español, existe un pronombre de tratamiento formal para la segunda persona: vostè/vostès. Un rasgo morfosintáctico que el catalán comparte con el italiano es el hecho de que los posesivos prenominales siempre van acompañados por un determinante (la seva felicitat  ‘su [de ella] felicidad’). Los pronombres numerales (del 1 al 10) son: un, dos, tres, quatre, cinc, sis, set, vuit, nou, deu.

 

Al igual que el español, el catalán distingue tres conjugaciones verbales: 1ª en -ar (como parlar), 2ª en -er o -re (como témer o perdre) y 3ª en -ir (como sentir). El pretérito perfecto y el pluscuamperfecto se expresan mediante la forma correspondiente del verbo anar ‘ir’ en función de auxiliar y el infinitivo del verbo principal (ej.: vaig arribar la setmana passada ‘he llegado/llegué la semana pasada’; vas témer/temeres que no t'haguéssim sentit ‘temiste que no te hubiésemos oído’, no et serveix de res que vagis cantar tan bé ‘no te sirve de nada que hubieras cantado tan bien’). El futuro, además de la forma conjugada del verbo (ej.: escriuré un llibre ‘escribiré un libro’), se puede expresar mediante una construcción analítica compuesta por el auxiliar anar más la preposición a más el infinitivo del verbo si el auxiliar implica movimiento o desplazamiento (ej.: vaig a buscar les maletes ‘voy a buscar/buscaré las maletas’). A pesar de que el catalán posea los mismos verbos copulativos que en español, ésser y estar —con el participio común estat, tan sólo el primero se emplea para formar las construcciones pasivas (ej.: ha estat trobat ‘ha sido encontrado’).

 

La mayoría de palabras catalanas proceden del latín, aunque el contacto histórico con otras lenguas ha hecho que se hayan introducido términos germánicos (ganivet, Ramon), franceses (garatge, fitxa), italianos (piano, macarró), occitanos (espasa, beutat), castellanos (xoriço, burro), árabes (sucre, alcova, Benicàssim) e ingleses (bar, revólver). Lo más destacado del léxico catalán es el amplio número de palabras monosílabas (ej.: vi ‘vino’, ma ‘mano’, be ‘oveja’, ull ‘ojo’, dit ‘dedo’, blat ‘trigo’).

 

 

Sintaxis

 

El orden sintáctico no marcado de la oración catalana es el habitual en las lenguas románicas: Sujeto-Verbo-Objeto.

 

 

Texto ilustrativo

 

Quan el vals es va acabar la gent va començar a sortir. Ja vaig dir que havia perdut la Julieta i aquell noi va dir que ell havia perdut en Cintet i va dir, quan estarem ben sols, tota la gent desada a dintre de les cases i els carrers buits, vosté i  jo ballarem un vals de punta a la plaça del Diamant... volta que volta... Colometa. Me'l vaig mirar molt amoïnada i vaig dir que em deia Natàlia i quan li vaig dir que em deia Natàlia encara riu i va dir que jo només em podia dir un nom: Colometa. Va ser quan vaig arrencar a córrer i ell corria al meu darrera, no se m'espanti... que no veu que no pot anar tota sola pels carrers, que me la robarien?... i em va agafar del braç i em va aturar, que no veu que me la robarien, Colometa?

════════════════════════════════════

Cuando el vals se acabó la gente empezó a salir. Yo dije que había perdido a la Julieta y aquel muchacho dijo que él había perdido al Cintet y dijo, cuando estemos solos, toda la gente esté metida dentro de las casas y las calles vacías, usted y yo bailaremos un vals de puntillas en la Plaza del Diamante... gira que te gira, Colometa. Lo miré muy incomodada y le dije que me llamaba Natalia, y cuando le dije que me llamaba Natalia se volvió a reír y dijo que yo sólo podía llamarme de una manera: Colometa. Entonces fue cuando eché a correr y él corría detrás de mí, no se asuste... ¿no ve que no puede ir sola por las calles, que me la robarían?... y me cogió del brazo y me detuvo, ¿es que no ve que me la robarían, Colometa?

La plaza del diamante (1962), Mercè Rodoreda

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