ITALIANO

 

FICHA TÉCNICA

Nombre original

italiano [ita'ljaːno]

Nombre español

italiano [ita'ljano]

Nombre inglés

Italian [ɪ'tæljən]

Filiación lingüística

familia indoeuropea > grupo románico > rama occidental > subgrupo italorrománico

Hablado en

Italiaº¹, San Marinoº¹, Suiza¹, Mónaco#

Número de hablantes

59.000.000 (2010)

Dialectos principales

lombardo, romañés, piamontés, siciliano, napolitano, toscano, corso

Sistema de escritura

alfabeto latino

Documentado desde

960

Tipología sintáctica

S-V-O

° idioma nacional ¹ idioma oficial + dialecto # idioma minoritario.

 

ESQUEMA

1.        Introducción

2.        Evolución histórica

3.        Ortografía y pronunciación

4.        Morfología

5.        Sintaxis

6.        Texto ilustrativo

 

 

Introducción

 

El italiano pertenece a la rama occidental, subgrupo italorrománico, de las lenguas románicas, subclase dentro de la familia indoeuropea. Constituye el idioma oficial de Italia, con 55 millones de hablantes. Por otro lado, es una de las cuatro lenguas oficiales reconocidas en Suiza, en donde una población de 750.000 personas al sur del país habla italiano, al igual que en la República de San Marino (24.714); en estos dos últimos territorios, además del italiano estándar, los hablantes utilizan un dialecto local conocido como lombardo y romañés, respectivamente. En el Principado de Mónaco, a pesar de que la lengua oficial sea el francés, el italiano se halla muy extendido. En los antiguos territorios de Córcega y Malta también se conservan focos de habla italiana (en el primero de ellos, bajo la forma de un dialecto llamado corso).

 

Fuera de Europa, existe una importante comunidad de italoparlantes (alrededor de 1,3 millones) en EE.UU., residentes en su mayoría en Nueva York y San Francisco. Otros países en los que hay núcleos de habla italiana son Canadá (512.000), Argentina (1.000.000), Australia (500.000) y Brasil. En el Río de la Plata, el contacto entre el italiano y el español ha dado lugar a una variante híbrida conocida como cocoliche. En algunos países de África como Etiopía y Somalia, a diferencia de los anteriores, el italiano no fue trasplantado por un grupo de emigrantes con escasos recursos y cultura, sino que se conserva como una reliquia lingüística de una situación de dominio colonial por parte de una sociedad aristocrática. En términos generales, el italiano es la lengua de más de 59 millones de personas en todo el mundo.

 

En Italia coexisten multitud de dialectos, que se pueden clasificar en tres grandes grupos:

 

a) Dialectos septentrionales. Formados por el lombardo (con sus subdialectos milanés y bergamasco), el emiliano (formado por el ferrarés, el boloñés, el romañés y el parmesano), el piamontés (dividido en turinés y monferratés), el ligur (compuesto únicamente por el genovés) y el veneciano (que no debe ser confundido con el véneto, lengua románica distinta del italiano que se habla en el noreste del país). Los principales rasgos lingüísticos que caracterizan a los cuatro primeros son la pérdida de las vocales finales (ej.: pan vs. it. pane), sonorización o pérdida de consonantes oclusivas sordas en posición intervocálica (ej.: stado / stao ‘estado’ vs. it. stato), palatalización del grupo -CT- (ej.: lač ‘leche’ vs. it. latte, del lat. lactem), palatalización de los grupos PL-, CL- y FL- (ej.: čatsa ‘plaza’ vs. it. piazza, del lat. plateam), desarrollo de vocales centrales redondeadas (ej.: čöf ‘llueve’ vs. it. piove), pronombres personales en función de sujeto derivados del caso acusativo latino, etc. Estos dialectos, que se hayan al norte de la isoglosa La Spezia-Rímini (véase lenguas románicas) se hallan más próximos estructuralmente al francés y al provenzal que al italiano, por lo que en ocasiones se engloban dentro de un macrogrupo llamado galoitálico.

 

b) Dialectos centro-meridionales. Los principales son umbro, marquisano, abrucés romanesco, apulio, lucanés, calabrés, siciliano y napolitano. Los rasgos más destacables de estas variedades de italiano son la asimilación en NN de los grupos de N más consonante (ej.: monno ‘mundo’ vs. it. mondo), empleo de posesivos pospuestos al nombre (ej.: figliomo ‘mi hijo’ vs. it. mio figlio), desarrollos peculiares de los sonidos vocálicos, uso extensivo del pretérito, etc.

 

c) Dialectos toscanos. Compuestos por el toscano (o florentino), el pisano, el senés, el aretino y el corso, entre otros. El principal rasgo que diferencia al toscano de los demás dialectos italianos es la llamada gorgia toscana ‘garganta toscana’, que consiste en la pronunciación de las consonantes oclusivas sordas en posición intervocálica como sus correlatos fricativos (ej.: kapo ['kaɸo] ‘cabeza’, la carta [la'harta], lo tiro [lo'θiro]).

 

En una posición intermedia entre estos dialectos locales y el italiano estándar, existe en el país una variante conocida como italiano popolare, caracterizado por una serie de rasgos lingüísticos particulares que se han introducido progresivamente desde comienzos del siglo XX en el habla coloquial de las clases educadas.

 

 

Evolución histórica

 

Al igual que el resto de lenguas románicas, el italiano deriva históricamente de la variedad hablada de latín conocida como latín vulgar. Tras la desintegración del Imperio Romano, en la Península Itálica se formaron multitud de dialectos romances de carácter regional (más que en ningún otro territorio de la Romania). El primer testimonio escrito de una de estas lenguas vernáculas aparece en el año 960; se trata del llamado Placito Capuano, un documento jurídico escrito en latín en el que se insertó la siguiente frase de aclaración: sao ko kelle terre, per kelle fini que ki contene, trenta anni le possette parte Sancti Benedicti ‘sé que aquellas tierras, dentro de aquellos límites que aquí se expresan, las poseyó la parte de San Benedicto treinta años’.

 

Poco a poco comienzan a aparecer más textos en un primitivo italiano, hasta que en el siglo XIII surge la primera norma literaria de la lengua en la ciudad de Florencia y sus alrededores, de la mano del Divino Dante (1265-1321), que elige conscientemente escribir en la “lengua vulgar” italiana en lugar de en latín para que sus obras lleguen al mayor número posible de personas. En el siglo XIV, Petrarca (1304-1374) y Boccaccio (1313-1375) continuaron la labor iniciada por su maestro de forma ejemplar (aunque su italiano se hallara más influido por el latín). El dialecto hablado en este territorio, conocido como toscano medieval, constituye el germen del italiano moderno, gracias a su prestigio literario (y por consiguiente lingüístico) y a la supremacía económica de Florencia. Además, de entre todos los dialectos románicos hablados en Italia, el toscano era el que menos se apartaba morfológica y fonológicamente del latín clásico.

 

Durante los siglos XV y XVI, la lengua toscana experimentó un proceso de normalización gramatical progresiva, gracias a la publicación de numerosos diccionarios y gramáticas y a la fundación en 1583 de la Accademia della Crusca, el primer órgano de regulación lingüística del italiano. Paralelamente, se desarrollaba por todo el país la llamada questione della lingua, un intenso debate acerca de la lengua literaria más apropiada, en la que Pietro Bembo (1470-1547) participó decisivamente en favor del toscano con su Prose della volgar lingua (1525). Tras la unificación definitiva en 1861 de toda la Península en el moderno estado italiano, se siente la necesidad verdadera de una lengua nacional de carácter unificador, y es entonces cuando el toscano se adopta definitivamente como el idioma común de toda Italia, más allá del ámbito propiamente literario.

 

 

Ortografía y pronunciación

 

El italiano emplea para su representación escrita el alfabeto latino (no obstante, las letras j, k, w, x e y aparecen tan sólo en palabras de origen extranjero, y por tanto se consideran ajenas a la ortografía italiana). Existe únicamente un acento gráfico de carácter grave, que se emplea en palabras agudas de dos o más sílabas (ej.: città ‘ciudad’). También se utiliza en el caso de ciertos monosílabos para diferenciar significados (ej.: e ‘y’ vs. è ‘es’) y en una serie de palabras fijas (como più ‘más’ o già ‘ya’).

 

El alfabeto italiano está compuesto por las siguientes 21 letras:

 

Mayúsculas

A

B

C

D

E

F

G

H

I

L

M

N

O

P

Q

R

S

T

U

V

Z

Minúsculas

a

b

c

d

e

f

g

h

i

l

m

n

o

p

q

r

s

t

u

v

z

Pronunciación (véase AFI)*

a

b

k/ʧ

d

e

f

ɡ/ʤ

-

i

l

m

n

o

p

k

r

s

t

u

v

ts/dz

* Representa la pronunciación de la letra aislada o la más habitual. Para su pronunciación real en el contexto de la palabra, véase las distintas reglas ortográficas más abajo.

 

La correspondencia entre letras y sonidos del italiano moderno es bastante parecida a la del español, aunque es necesario señalar las siguientes diferencias: 1) Los grupos gl y gn representan los sonidos palatales [ʎ] y [ɲ], respectivamente (como la ll y la ñ en español): biglietto ‘billete’, ogni ‘cada’. 2) El grupo sc delante de las vocales palatales e, i se pronuncia [ʃ] (ej.: pesce ‘pez’). 3) En posición interior de palabra (y al menos en el norte de Italia), la letra s se pronuncia como la fricativa sorda [s] delante de otro sonido sordo y como su correlato sonoro [z] delante de uno sonoro (no obstante, en Toscania es posible encontrar pares distintivos como fuso ['fuso] ‘huso’ y fuso ['fuzo] ‘fundido’). 4) De forma paralela, el carácter z (o el grupo zz) se pronuncia como los africados [ts] o [dz] en estos mismos contextos fonéticos, aunque existen algunas excepciones (p. ej., zio ‘tío’, zucchero ‘azúcar’ y prezzo ‘precio’ se pronuncian con [ts], mientras que zona, pranzo ‘cena’, mezzo ‘medio’ lo hacen con [dz]). 5) Las grafías c (o cc) y g (o gg) corresponden a los sonidos velares [k] y [ɡ], respectivamente, delante de las vocales a, o, u, aunque precediendo a las palatales e, i representan los africados [ʧ] y [ʤ] (ej.: gamba ‘pierna’, carcere ‘cárcel’, ciao ‘adiós’, giorno ‘día’, oggi ‘hoy’). 6) De forma complementaria, los dígrafos ch (o cch) y gh simbolizan los anteriores sonidos velares delante de las vocales palatales (ej.: chiave ‘llave’, bicchiere ‘vaso’, lunghezza ‘longitud’). 7) Los grupos gu y qu se pronuncian siempre labializados como [gʷ] y [kʷ], respectivamente, delante de una vocal, incluso en el caso de e o i (ej.: guerra, questo ‘esto’). 8) En contextos intervocálicos, existe una oposición fonológica entre ciertas consonantes simples y dobles basada en la mayor longitud articulatoria de estas últimas (ej.: beve ‘[él] bebe’ vs. bevve ‘bebió’, serata ‘tarde’ vs. serrata ‘cierre’).

 

El inventario de sonidos consonantes del italiano es el siguiente (véase Alfabeto Fonético Internacional):

 

LUGAR DE ARTICULACIÓN

bilabial

labio-dental

dento-alveolar

palatal

velar

MODO DE ARTICULACIÓN

oclusivo

p b

 

t d

 

ɡ

fricativo

 

f v

s z

ʃ

 

africado

 

 

ts dz

ʧ   ʤ

 

nasal

m

 

n

ɲ

 

vibrante

 

 

r

 

 

lateral

 

 

l

ʎ

 

aproximante

 

 

 

j

w

 

El repertorio de sonidos vocálicos del italiano reproduce fielmente el esquema que poseía el latín vulgar en la etapa previa al surgimiento de las distintas lenguas románicas:

 

FRONTALIDAD

anterior

central

posterior

ALTURA

alto

i

 

u

medio-alto

e

 

o

medio-bajo

ɛ

 

ɔ

bajo

 

a

 

 

No existe una distinción ortográfica entre las vocales medias [e] y [o] y sus respectivos correlatos abiertos [ɛ] y [ɔ], aunque en sílaba tónica final de palabra [e] se representa habitualmente como é y [ɛ] como è. Es ésta la única excepción a la regla del acento grave anteriormente explicada. Existe una restricción ortográfica general que hace que las palabras del italiano acaben en vocal. Las excepciones a esta regla son los extranjerismos (ej.: sport, boom, slip, camion), los latinismos (ej.: lapis ‘lapicero’, ribes ‘grosella’), los acrónimos (ej.: Agip, Fiat) y ciertas palabras gramaticales (como el artículo il, las preposiciones in, con o per y el adverbio non). Las consonantes dobles en posición intervocálica no siempre equivalen a pronunciar el sonido en cuestión con una longitud extra (como se explicó anteriormente), sino que en algunos casos se trata de verdaderas consonantes geminadas correspondientes a dos sonidos idénticos aunque individuales, lo cual se demuestra porque entre ellas se establece la división silábica (p. ej., bello se pronuncia ['bɛl-lo] y consiguientemente se divide bel-lo, de forma similar a pioppo ‘chopo’, goffo ‘torpe’, cadde ‘cayó’, vanno ‘van’, etc.).

 

El acento prosódico del italiano suele recaer en la penúltima sílaba de las palabras por defecto, aunque no es predecible en función del contexto fonológico (p. ej.: principi ‘principios’ vs. principi ‘príncipes’). Existe una interacción entre el acento, la longitud vocálica y la distribución de las consonantes geminadas. De esta forma, las vocales átonas o en el interior de sílaba trabada acabada en consonante son siempre cortas (ej.: lettera ['lɛt-te-ra], profondo [pro-'fon-do]), mientras que si se hallan en sílaba abierta y tónica son largas (ej.: anima ['aː-ni-ma], divino [di-'viː-no]. Las vocales en posición final de palabra son siempre cortas, independientemente de su naturaleza prosódica.

 

 

Morfología

 

La flexión nominal del italiano ha reducido su complejidad formal en comparación con la del latín. Los nombres se declinan según género gramatical (masculino y femenino) y número (singular y plural) siguiendo el siguiente modelo:

masculino — sg. -o / pl. -i (ej.: il libro / i libri; hay algunas excepciones, como el femenino mano)

masculino — sg. -a / pl. -i (palabras de origen latino o griego como artista/-i o problema/-i)

femenino — sg. -a / pl. -e (ej.: la casa / le case, donna/-e ‘mujer/-es’)

masculino o femenino — sg. -e / pl. -i (ej.: il monte / i monti [m.], la mente / le menti [f.])

Este sistema de formación de plurales mediante una alternancia vocálica en lugar de la adición del sufijo -(e)s es uno de los principales rasgos que diferencian al italiano de los dialectos románicos occidentales como el español, el francés o el portugués. Los pocos sustantivos que no se adaptan al anterior esquema (nombres con singular acabado en -i como crisi ‘crisis’, en vocal tónica como città o tribù, o en consonante como sport o camion) no varían su forma en el plural. Los adjetivos italianos se agrupan en dos clases: los que se declinan según los dos géneros, equivalentes a los adjetivos latinos de la 1ª clase (ej.: buono,-a ‘bueno,-a’, con sus plurales buoni,-e), y los que se declinan según un único paradigma, equivalentes a los adjetivos latinos de la 2ª clase (ej.: felice ‘feliz’, con su plural felici). Salvo en el caso en el que acompañan a sustantivos que expresan relaciones familiares directas, los posesivos prenominales siempre van acompañados por un determinante (compárese los sintagmas la mia macchina ‘mi coche’, questi suoi libri ‘estos libros suyos’ o un tuo cugino ‘uno de tus primos’ frente a mia mamma ‘mi mamá’). Al igual que otras lenguas románicas como el español, el italiano posee una doble serie de pronombres personales de segunda persona singular: tu en situaciones familiares y Lei (gramaticalmente tercera persona del singular) en contextos formales. En plural, voi desempeña ambas funciones. Los pronombres numerales (del 1 al 10) son: uno, due, tre, quattro, cinque, sei, sette, otto, nove, dieci.

 

La flexión verbal presenta la misma estructura paradigmática básica de las tres conjugaciones verbales del español: 1ª en -are (como cantare), 2ª en -ere (como temere) y 3ª en -ire (como sentire). Los verbos de la segunda conjugación se dividen a su vez en dos clases, dependiendo de si el acento prosódico recae en la raíz (como chiedere ‘cerrar’) o en la desinencia (como vedere ‘ver’). Los verbos de la tercera conjugación pueden ser regulares o irregulares (con un sufijo temático -isc- entre la raíz y la desinencia de las personas 1, 2, 3 y 6, como partire ‘partir, dividir’, que se diferencia en esto de partire ‘partir, marchar’, ya que sus formas de 1ª persona de presente son partisco ‘divido’ y parto ‘marcho’, respectivamente). Los tiempos perfectos del italiano se forman mediante dos auxiliares: avere ‘haber’ y essere ‘ser’. El factor crucial que sirve para seleccionar uno u otro no depende de si la oración es transitiva o intransitiva, sino del papel semántico del sujeto en relación con el verbo: si el primero es el agente o el experimentante de la acción, el auxiliar empleado es avere (ej.: abbiamo letto il libro ‘hemos leído el libro’, ha viaggiato ‘ha viajado’); si el sujeto es el paciente, es decir, el que sufre la acción sin producirla directamente, de forma equivalente a los complementos directos, el auxiliar es siempre essere (ej.: è morto ‘ha muerto’, è uscita ‘[ella] ha salido’ lit. ‘es salida’) [Obsérvese de paso el valor copulativo que aún conserva essere en estas construcciones, ya que el verbo léxico, siempre intransitivo, mantiene plenamente su forma de participio adjetival en concordancia gramatical con el sujeto]; los verbos que pueden ser transitivos e intransitivos adoptan en cada caso el correspondiente auxiliar (ej.: hanno aumentato il prezzo ‘han aumentado el precio’ vs. è aumentato il prezzo ‘el precio ha aumentado’); en el caso de otros verbos de actividad o estado (especialmente los llamados meteorológicos), la distinción entre agente y paciente no es válida, por lo que pueden emplear indistintamente avere o essere (ej.: è piovuto / ha piovuto ‘ha llovido’). Por otro lado, essere es siempre el auxiliar que se emplea en todo tipo de construcciones reflexivas y pronominales (ej.: Maria si è criticata ‘María se ha autocriticado’, le finestre si sono rotte ‘las ventanas se han roto’). El aspecto progresivo se expresa mediante el auxiliar stare ‘estar’ y el gerundio del verbo principal (ej.: stavo dicendo ‘estaba diciendo’).

 

El italiano presenta un extraordinariamente rico conjunto de sufijos con valor afectivo y estimativo, tantos o más que el español. Por ejemplo, a partir de la forma básica ragazzo ‘muchacho’ se puede obtener ragazzino ‘muchachito’, ragazzetto ‘muchachete’, ragazzuccio ‘muchachín’, ragazzone ‘muchachote’, ragazzaccio ‘muchachuelo’, ragazzotto ‘muchachón, muchacho robusto’. No sólo pueden añadirse este tipo de sufijos a sustantivos, también a adjetivos (ej.: facile ‘fácil’ facilino ‘facilito’; caro ‘querido’ — caruccio ‘muy caro [de dinero]’), adverbios (ej.: bene ‘bien’ — benone / benino ‘muy bien’) o verbos (ej.: dormire ‘dormir’ — dormicchiare ‘dormitar’; sputare ‘escupir’ — sputacchiare ‘farfullar’).

 

 

Sintaxis

 

El orden sintáctico no marcado de la oración italiana es el propio de las lenguas románicas: Sujeto-Verbo-Objeto (ej.: Pietro fumava una sigaretta ‘Pedro fumaba un cigarrillo’). Una importante excepción la constituyen las anteriores construcciones con el auxiliar essere en las que el sujeto es semánticamente el paciente de la acción, ya que éste posee en muchos sentidos las características morfosintácticas de los complementos directos y por tanto su posición habitual se halla a continuación del verbo (ej.: è arrivato il treno ‘el tren ha llegado’). [Obsérvese que en italiano se puede decir tanto è arrivato il treno como il treno è arrivato sin un especial énfasis, algo que no es posible con el anterior ejemplo: Pietro fumava una sigaretta / una sigaretta fumava Pietro (en esta segunda oración los constituyentes están claramente dislocados)].

 

 

Texto ilustrativo

 

La Pasqua infatti era vicina. Le colline erano tornate a vestirsi di verde, e i fichidindia erano di nuovo in fiore. Le ragazze avevano seminato il basilico alla finestra, e ci venivano a posare le farfalle bianche; fin le povere ginestre della sciara avevano il loro fiorellino pallido. La mattina, sui tetti, fumavano le tegole verdi e gialle, e i passeri vi facevano gazzarra sino al tramonto.

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La Pascua se hallaba verdaderamente próxima. Las colinas se habían vuelto a vestir de verde, y las higueras estaban de nuevo en flor. Las muchachas habían sembrado albahaca en las ventanas, en las que venían a posarse las mariposas blancas; incluso la pobre retama del campo tenía sus florecillas pálidas. Por la mañana exhalaban humo las tejas verdes y amarillas de los tejados, en donde los gorriones charlaban ruidosamente hasta el atardecer.

I Malavoglia (1881), Giovanni Verga

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