Lenguas ESLAVAS

 

Las lenguas eslavas son un subgrupo dentro de la familia indoeuropea. Son habladas principalmente en Europa oriental por los descendientes de los eslavos. Éstos eran un pueblo indoeuropeo originario de una región comprendida entre los ríos Vístula (Polonia) y Dniéper (Ucrania), que ya desde el siglo VII a.C. son identificables como grupo étnico diferenciado. A partir de esta fecha inician un lento pero continuo proceso migratorio en distintas direcciones, dividiéndose finalmente en tres grandes ramas: occidental, oriental y meridional. Los eslavos occidentales (antepasados de los polacos, los checos y los eslovacos) emigraron hacia los actuales territorios de Alemania y Polonia, en donde terminaron adoptando la religión católica. Los eslavos orientales se asentaron en Rusia, y hacia el siglo X d.C. asimilaron la religión ortodoxa griega. Los eslavos meridionales (antepasados de los yugoslavos y los búlgaros) se desplazaron hacia los Balcanes, y mientras que unos (serbios y búlgaros) abrazaron la fe ortodoxa, otros (croatas y eslovenos) prefirieron el rito católico romano.

 

Clasificación de las lenguas eslavas

Las diferencias y semejanzas lingüísticas que se producen entre las distintas lenguas eslavas posibilitan su clasificación en tres ramas principales, que coinciden externamente con la división geográfica y étnica de los pueblos eslavos:

 

a) Occidental. Formada en la actualidad por el checo, el eslovaco, el polaco, el casubio y el sorbio, lenguas a las que hay que añadir otras dos ya desaparecidas, el polabo y el eslovincio. Las semejanzas que existen entre las dos primeras posibilita su clasificación conjunta en el subgrupo checoslovaco, frente a los llamados dialectos lequíticos o pomeranios (polaco, casubio, polabo y eslovincio), entre los cuales el sorbio (subgrupo lusaciano) representa un lazo de conexión. El polabo constituye la variante lingüística más occidental de esta rama eslava, ya que se habló en la cuenca del río Elba, al norte de Alemania, hasta 1750. A pesar de los escasos testimonios escritos conservados, se sabe que la influencia que debió de experimentar por parte del alemán fue enorme. El eslovincio, considerado por algunos lingüistas un simple dialecto meridional del casubio, se habló al sur de Gdańsk hasta 1900, cuando la mayoría de sus hablantes fueron expulsados de Polonia.

 

b) Oriental. Formado por tres idiomas relacionados que se hablan en territorios de la antigua Unión Soviética: el ruso, el bielorruso y el ucraniano. Los dos primeros son variantes lingüísticas que se hallan muy próximas entre sí, hasta el punto de que es posible la intercomprensión mutua.

 

c) Meridional. Las lenguas que componen esta rama son el búlgaro, el macedonio, el serbocroata, el esloveno y el eslavo antiguo. La importancia histórica de esta última, ya extinta, se debe a que produjo los primeros testimonios escritos dentro de la familia eslava.

 

Esquématicamente, la clasificación de las lenguas eslavas se puede representar de la siguiente manera (una cruz [†] indica que se trata de variedades lingüísticas ya desaparecidas o sin hablantes nativos; entre paréntesis se incluyen los principales territorios en los que se hablan):

 

1. Rama occidental

   1.1. Subgrupo lequítico

       1.1.1. Polaco (Polonia)

       1.1.2. Casubio (Polonia)

       1.1.3. Eslovincio [†] (Polonia, Alemania)

       1.1.4. Polabo [†] (Alemania)

   1.2. Subgrupo lusaciano

       1.2.1. Sorbio (Alemania)

   1.3. Subgrupo checoslovaco

       1.3.1. Checo (República Checa)

       1.3.2. Eslovaco (Eslovaquia)

2. Rama oriental

   2.1. Ruso (Rusia)

   2.2. Bielorruso (Bielorrusia)

   2.3. Ucraniano (Ucrania)

3. Rama meridional

   3.1. Eslavo oriental

       3.1.1. Búlgaro (Bulgaria)

       3.1.2. Macedonio (Macedonia)

       3.1.3. Eslavo antiguo [†] (Bulgaria, Macedonia)

   3.2. Eslavo occidental

       3.2.1. Serbocroata

       3.2.1.1. Serbio (Serbia)

       3.2.1.2. Croata (Croacia)

       3.2.1.3. Bosnio (Bosnia-Herzegovina)

       3.2.1.4. Montenegrino (Montenegro)

       3.2.2. Esloveno (Eslovenia)

 

Las lenguas eslavas presentan una estructura fonológica y morfológica muy parecida (más incluso que los idiomas románicos), aunque la distinta representación ortográfica de cada una no lo muestre de forma evidente. Su vocabulario básico presenta igualmente un alto grado de similitud, lo cual viene a demostrar su origen común. Las principales diferencias se producen en el léxico de carácter abstracto y técnico, ya que en este terreno se reflejan las preferencias particulares de cada cultura. Para expresar la voz “teatro”, por ejemplo, el ruso y el polaco utilizan el término artístico internacional (театр <teatr> y teatr, respectivamente), mientras que el checo emplea divadlo (formado a partir de la raíz verbal dívat ‘mirar’) y el serbocroata posee dos palabras: una variedad occidental kazalište (derivada de la raíz verbal kazati ‘decir’) usada en Croacia, y su correlato oriental pozorište (creado a partir de la raíz nominal pozorje ‘escena’), empleada en Serbia.

 

En la actualidad, se estima que el número total de hablantes de lenguas eslavas ronda los 300 millones. Los idiomas de esta familia lingüística que se hablan en la actualidad son los siguientes (clasificados en función de su número aproximado de hablantes nativos, a fecha de 2010):

ruso                154.000.000

polaco              40.000.000

ucraniano           30.000.000

serbocroata         19.000.000

checo               10.000.000

búlgaro              9.100.000

bielorruso            7.600.000

eslovaco              5.600.000

macedonio             2.000.000

esloveno              1.850.000

casubio               100.000

sorbio                   50.000

 

Todas las lenguas eslavas descienden de un dialecto del primitivo indoeuropeo conocido como eslavo común, que mantuvo su unidad lingüística hasta el año 600 d.C., fecha en la que empezaron a surgir las distintas variantes locales. Sin embargo, los primeros testimonios escritos dentro de esta familia de lenguas no aparecieron hasta el siglo IX. Se trata de una serie de textos litúrgicos representados en una variedad conocida como eslavo antiguo, continuación directa del eslavo común. El principal corpus está formado por una traducción de la Biblia llevada a cabo por los misioneros griegos Cirilo y Metodio durante su estancia en Moravia (863-867), en el alfabeto cirílico creado por el primero sobre la base del griego y al que dio nombre.

 

A pesar de constituir el idioma religioso de todos los eslavos ortodoxos, el eslavo antiguo presentaba rasgos distintivos de los dialectos meridionales (fundamentalmente el búlgaro y el macedonio, ya que tanto Cirilo como Metodio eran naturales de Salónica). Además del alfabeto cirílico, para la representación gráfica de esta lengua se empleaba otro sistema de escritura conocido como alfabeto glagolítico, igualmente válido a la hora de transcribir sus sonidos específicos. Este último está considerado como el más antiguo sistema de escritura eslavo, a pesar de que en la característica forma de sus letras se pueden apreciar semejanzas con otros alfabetos empleados durante la época. Con el paso del tiempo, el alfabeto glagolítico desapareció (aunque en Croacia se conservara hasta hace relativamente poco) y tan sólo se mantuvo el cirílico como instrumento de la liturgia ortodoxa. Actualmente, éste es el sistema de escritura que se emplea en los territorios eslavos de religión tradicionalmente ortodoxa (Rusia, Bielorrusia, Ucrania, Bulgaria, Macedonia, Serbia), mientras que aquéllos otros que siguen el rito católico utilizan el alfabeto latino (República Checa, Eslovaquia, Polonia, Croacia, Eslovenia). De hecho, tan sólo el empleo de uno u otro diferencia al serbio (cirílico) del croata (latino), que por lo demás son una sola lengua: el serbocroata.

 

Dentro de la familia indoeuropea, las lenguas eslavas pertenecen al llamado grupo satem, dado que han desarrollado un fonema sibilante a partir del oclusivo sordo /k/ del protoindoeuropeo (PIE). Por ejemplo, el pronombre numeral *dekm̥ ‘diez’ de esta lengua originaria dio lugar en eslavo antiguo (EA) a desętь, frente a la forma decem de una lengua de tipo centum como el latín. Un rasgo fonético que caracteriza igualmente a las lenguas eslavas en su etapa primitiva es la evolución de las vocales *i y *u de PIE a un par de sonidos neutros conocidos en lingüística como jers, que se representan mediante los símbolos ь y ъ, respectivamente (compárese, por ejemplo, EA mьgla ‘niebla’ con su correlato migla en otra lengua indoeuropea como el lituano, o EA snъxa ‘nuera’ frente al sánscrito snuā).

 

Características gramaticales del eslavo común

Son dos los procesos de cambio fonético que diferenciaron radicalmente al primitivo eslavo común del protoindoeuropeo y que sirvieron de base para la evolución particular dentro de cada lengua eslava:

 

1) Una tendencia general de los sonidos dentro de la sílaba hacia una ordenación de menor a mayor sonoridad (es decir, primero oclusivas, africadas, fricativas o nasales, después líquidas o semivocales, y por último vocales). Los cambios específicos que motivaron esta especial disposición fueron: a) la pérdida de consonantes en posición final de palabra (ej.: EA synъ ‘hijo’ vs. lituano sūnus); b) la conversión de determinados grupos silábicos de vocal más consonante nasal en una única vocal nasalizada ę, ǫ (ej.: EA svętъ ‘santo’ vs. lituano šventas, EA pǫ ‘camino’ vs. latín pons,pontis ‘puente’); c) la monoptongación de los primitivos diptongos indoeuropeos (ej.: EA iti ‘ir’ vs. lituano eiti, EA suxъ ‘seco’ vs. lituano sausas); d) el desarrollo de grupos silábicos de PIE *e, *o más consonante líquida entre otras dos (simbolizado en lingüística mediante la forma del eslavo común *tort), bien por metátesis con evolución a la secuencia trat, como ocurre en las lenguas eslavas occidentales y meridionales, bien por inserción de una vocal tras el sonido líquido con evolución a torot, como en los idiomas eslavos orientales (por ejemplo, EA glava ‘cabeza’, que en lituano es galva, ha dado lugar a hlava en checo y głowa en polaco, frente a голова <golová> en ruso).

 

2) Una serie progresiva de palatalizaciones consonánticas. Mediante la llamada primera palatalización eslava, las consonantes /ɡ/, /k/, /x/ de PIE se transformaron en eslavo común en /ʤ/ <ž>, /ʧ/ <č>, /ʃ/ <š>, respectivamente, delante de las vocales anteriores e, i (ej.: EA živъ ‘vivo’ vs. lituano gyvas). Mediante la segunda palatalización, las mismas tres consonantes de PIE evolucionaron a /ʒ/ (posteriormente /z/ en las distintas lenguas eslavas), /ts/ <c>, /s/ (/ʃ/ en las variedades occidentales) delante de vocales anteriores resultantes de la monoptongación eslava anteriormente explicada (ej.: EA cěna ‘precio’ vs. lituano kaina). De esta forma, es obvio que la primera palatalización tuvo lugar antes de la reducción general de diptongos indoeuropeos en eslavo común, y la segunda palatalización después. La tercera palatalización, posterior a ambas, tuvo los mismos efectos que la segunda, aunque en este caso fue progresiva en lugar de regresiva, ya que las vocales palatales preceden a las consonantes que la experimentan (véase el caso de EA kъnęʒь ‘príncipe’, un préstamo del germánico *kuningaz ‘rey’). Además de estas tres series de palatalizaciones, el eslavo común desarrolló los fonemas consonánticos palatales /nj/, /lj/, /rj/ a partir de secuencias de nasal o líquida más semivocal (escritas <nj>, <lj>, <rj>, respectivamente). De forma similar, este proceso fonético afectó a los grupos de consonante dental o alveolar más semivocal (ej.: EA šyti ‘coser’ vs. lituano siūti). Estas palatalizaciones condujeron finalmente a una oposición sistemática entre consonantes sencillas y consonantes palatales dentro del sistema fonológico de las lenguas eslavas.

 

El acento en eslavo común era de naturaleza móvil, ya que podía recaer en cualquier sílaba dentro de la palabra. En las lenguas modernas se produce la siguiente situación: a) el acento se ha mantenido igualmente libre en ruso, bielorruso y ucraniano; b) en esloveno y búlgaro el acento también es libre, aunque con ciertas restricciones; c) en serbocroata, el acento suele recaer en la sílaba anterior a aquélla con mayor fuerza prosódica en (a) y (b) dentro de palabras eslavas patrimoniales (ej.: ruso говорить <govorít’> ‘hablar’, esloveno govoriti, pero serbocroata govoriti); d) en polaco, checo, eslovaco y sorbio, el acento es fijo: en polaco en la penúltima sílaba y en el resto de lenguas en la sílaba inicial.

 

Por lo que se refiere a la flexión nominal, el primitivo eslavo común era una lengua indoeuropea muy conservadora. Distinguía tres números (singular, dual, plural), tres géneros (masculino, femenino, neutro) y siete casos (nominativo, vocativo, acusativo, genitivo, dativo, instrumental, locativo). Dentro de los adjetivos, la principal innovación morfológica fue el desarrollo de una forma atributiva que se añadía al sustantivo para representar un sintagma nominal determinado o definido —de forma similar a la distinción entre adjetivos fuertes y débiles en el germánico— mediante la adición de un sufijo pronominal de género a la forma básica del adjetivo (ej.: EA dobryjь člověkъ ‘el buen hombre’ vs. dobrъ člověkъ ‘un buen hombre’). Este fenómeno es indicativo de que el eslavo común, al igual que la mayoría de lenguas eslavas modernas (salvo el búlgaro y el macedonio), carecía de artículos.

 

La flexión verbal del eslavo común supone un distanciamiento más radical de la conjugación indoeuropea. A pesar de que se conserve el sistema de desinencias para expresar las categorías de persona y número, se perdieron las de voz y modo (salvo el indicativo y el imperativo). Dentro del sistema temporal no existen marcas explícitas de futuro, y sólo se mantiene la oposición presente-imperfecto-aoristo. El sistema aspectual que diferencia formas perfectivas e imperfectivas (tan característico de las lenguas eslavas modernas) se hallaba presente, aunque en un estado embrionario, en los primeros textos del eslavo antiguo.

 

En el terreno de la sintaxis, es poco lo que se puede decir del primitivo eslavo común. La mayoría de los escritos más antiguos son traducciones literales de obras redactadas en otras lenguas (especialmente griego), por lo que es posible que el orden de palabras sea sencillamente un calco en lugar de seguir las preferencias patrimoniales. Sin embargo, la comparación de estos textos con la posterior evolución de las lenguas eslavas permite llegar a la conclusión de que la sintaxis presentaba un alto grado de libertad, debido a que el rico sistema flexivo del eslavo común permitía reconstruir el sentido básico de la frase cualquiera que fuera la ordenación de sus constituyentes (que de esta forma indicaba sencillamente aspectos pragmáticos de mayor o menor énfasis en un determinado elemento).

 

Evolución de las lenguas eslavas a partir del eslavo común

La clasificación de las lenguas eslavas en tres ramas (occidental, oriental, meridional) no es puramente geográfica, sino que responde también a criterios fonológicos. Por ejemplo, el rasgo más característico de las lenguas eslavas orientales es la anteriormente mencionada inserción de una vocal extra tras consonante líquida en las secuencias *tort (como en ruso голова <golová> ‘cabeza’). Por lo que se refiere a las occidentales, el fenómeno que mejor las identifica es la evolución de los grupos palatales indoeuropeos /tj/, /dj/ a los africados /ts/, /dz/ (o /z/), respectivamente (véase PIE *medhyo- ‘medio’, polaco miedza ‘límite’, checo meze, frente a la palatalización conservada en ruso межа <méža>, EA mežda, serbocroata međa, esloveno meja). Otra característica es el desarrollo de /x/ a /ʃ/ (en lugar de /s/) bajo los efectos de la segunda y tercera palatalización anteriormente explicadas (ej.: polaco szary ['ʃari] ‘gris’, checo antiguo šěrý, frente a ruso antiguo sěrъ, esloveno ser). Las lenguas eslavas meridionales, por último, forman un grupo no demasiado homogéneo desde el punto de vista lingüístico, ya que las innovaciones fonológicas comunes no son del todo claras, por lo que su agrupación responde básicamente a criterios geográficos.

 

Dentro de la familia indoeuropea, las lenguas eslavas presentan grandes semejanzas con las del grupo báltico (lituano, letón, prusiano), por lo que su comparación resulta apropiada a la hora de resaltar algunos fenómenos característicos de las primeras. Por ejemplo, las lenguas bálticas también desarrollaron un adjetivo pronominal atributivo con valor de artículo determinado (ej.: lituano gerasis žmogus ‘el buen hombre’ vs. geras žmogus ‘un buen hombre’). En su momento, este parecido llevó a muchos lingüistas a proponer la existencia de un único grupo balto-eslavo, aunque actualmente se piensa que las semejanzas se deben al contacto prolongado entre ambos conjuntos de lenguas más que a un origen común.

 

En todas las lenguas eslavas en su etapa primitiva se establece una distinción entre jers débiles y jers fuertes, de forma que los primeros aparecen en posición final de palabra o dentro de una sílaba anterior a una vocal plena, mientras que los segundos se encuentran en sílabas anteriores a uno débil. Los jers débiles se perdieron en el tránsito a las lenguas modernas (ь produjo además la palatalización de la consonante precedente, como en ruso пять <pjat’> ‘cinco’, del EA pętь) y los fuertes se convirtieron en vocales plenas, cuya naturaleza depende del idioma en cuestión. Por ejemplo, en la forma reconstruida del eslavo común *sъnъ ‘sueño’, el primer jer es fuerte y el segundo débil; pero mientras que en ruso el jer fuerte ъ dio lugar a o (сон <son>), en polaco se convirtió en e (sen). La pérdida de los jers tuvo un importante impacto en la estructura fonológica de las palabras eslavas, ya que dio lugar a grupos consonánticos que hasta entonces eran imposibles (por ejemplo, el eslavo común *Gъdanьskъ se contrajo de sus cuatro sílabas originales a una sola en el topónimo polaco Gdańsk).

 

La rica morfología nominal del eslavo común se conservó con relativa estabilidad en las lenguas eslavas. Salvo en esloveno y sorbio, el número dual ha desaparecido. Por el contrario, el sistema de casos se ha mantenido (con mayor o menor precisión) con la única excepción del búlgaro y el macedonio, que lo perdieron por completo. Ha habido una tendencia analógica general en las lenguas eslavas en favor de tres declinaciones básicas (tema en -o, tema en -a, tema en -i), que a lo largo de la historia han absorbido a otras declinaciones menores. La morfología verbal ha experimentado mayores cambios. En este terreno, el búlgaro y el macedonio son las lenguas más conservadoras, aunque a pesar de mantener el sistema general del eslavo común han desarrollado construcciones perifrásticas especiales para indicar sucesos no directamente observados por el hablante (ej.: búlgaro той бил пеел <toj bil peel> ‘él estaba cantando [eso dicen]’ vs. той пееше <toj peeše> ‘él estaba cantando [yo lo vi]’). El aoristo y el imperfecto han sido sustituidos por el originario pretérito perfecto compuesto en la mayoría de las lenguas eslavas (únicamente en búlgaro, macedonio, sorbio y serbocroata literario se conservan). La oposición aspectual entre formas perfectivas e imperfectivas (no del todo desarrollada en eslavo común) se generalizó en todas los idiomas de este grupo mediante un rico sistema de marcas morfológicas.

 

Bibliografía general

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